Lecciones de Amor

Por Oswaldo OsorioImage

“El amor es eterno mientras dura”
-Vinícius de Moraes-

Para buena parte de la concurrencia del festival, la mejor película iberoamericana fue, sin duda alguna, la brasileña Pequeño Diccionario Amoroso, dirigida por Sandra Werneck. Aunque el jurado sólo le reconoció sus méritos al excelente guión, escrito por Paulo Halm y José Roberto Torero, es una película completa y certera en todo sentido. Su tema, como lo evidencia el título, podría decirse que es el mismo que ha abordado más de la mitad de la producción mundial de cine en toda su historia: el amor.

Y es que el amor, junto con la muerte, son los dos temas más universales e intemporales que existen. El cine, desde sus orígenes, hizo del amor su principal protagonista, hasta el punto de poder afirmar que en el clasicismo cinematográfico las historias de amor, ya fuera como tema central o incorporadas a un contexto o anécdota, se convirtió en un elemento totalmente imprescindible. Por eso siempre lo hemos visto, padecido e idealizado en la pantalla grande, desde las primitivas adaptaciones de Romeo y Julieta, pasando por lo que fuera una suerte de boom de las películas de amor en los sesentas y setentas, que tuvo en Un Hombre y una Mujer (Claude Leloch, 1966) y en Love Story (Artur Hiller, 1971) sus principales hitos, hasta la erotización y sexualización del amor en el cine actual.

Con el amor en el cine no se puede hablar exactamente de un género, pues éste los cubre y condiciona a todos: el horror, Con la Novia de Frankestein; el western, con Johnny Guitar; la ciencia ficción, con Barbarela; y en fin, el drama, la comedia, la acción, todo está sobornado por “esa divina llama, ese triste humo”, como alguien lo definiera alguna vez. Y en su tratamiento, este soborno viene desde el más básico esquema argumental, el convencional “chico conoce chica” hollywoodiano; hasta la reflexión profunda, casi tormentosa, que directores como Igmar Bergman o Michelangelo Antonioni hacen de este sentimiento, despojándolo sin miramientos de su aura de romanticismo.

El cine también ha tratado el amor con un apasionamiento, que muchas veces ha rayado con el morbo, cuando éste ha dejado de ser una solución para convertirse en un problema que tiene nombres como infidelidad, incertidumbre, celos, inestabilidad o cualquiera de esos infiernos. De aquí se desprenden algunos tipos de historias: el famoso y exacerbante amor fou, el amor apasionado, el inconsecuente, el idealizado, las atracciones fatales y el desamor, éste último tan amplio y complejo y con tantas historias contadas como su contrario.

De la A a la Z

Toda esta introducción tiene un sólo objetivo: comprobar nuevamente, y a propósito del filme de la Werneck, que en temas como éste, el cine todavía tiene mucho qué decir, y sobre todo, que tiene muchas maneras de decirlo, porque es en eso precisamente, en la forma como Pequeño Diccionario Amoroso nos cuenta su historia de amor, donde radica su principal virtud.

Esta historia parte del ya mencionado esquema “chico conoce chica”, luego se enamoran y se van a vivir juntos, y después entran en crisis y se separan: fin de la película. Este argumento no nos contó nada nuevo porque ya demasiados lo han hecho. Pero en realidad, más que un argumento este es el esquema de una historia, el cual carece de toda importancia al lado de los elementos con que es acabado y la forma como es dispuesto narrativamente.

Esos elementos de los que hablo, son las descripciones que se hacen del amor y sus procedimientos previos, vivenciales y póstumos. Las percepciones que cada miembro de la pareja tiene, sus definiciones de la vida y del amor y los sentimientos que adquieren enorme diferencia por la contradicción de sexos. Porque si algo es evidente en esta película, es su esfuerzo por equiparar las posiciones matizadas o irreconciliables que hay entre hombres y mujeres. En este intento de equilibrio se ven claramente las fuerzas creadoras que hay tras la película: de un lado sus dos guionistas y de otro la directora, quien a la postre, logra recargar un poco, sólo un poco,  la balanza a favor de su “especie”.

Ahora, la forma como está dispuesta narrativamente esta esquemática historia de amor, es lo más atractivo de todo el filme. Primero que todo, lo de “diccionario” no es gratuito, pues su magnífico guión logra articular una serie de términos, que van de la A a la Z (como atracción, belleza, celos, etc.), a la cronología lógica de nacimiento y muerte de una relación. Adicionalmente, lo adereza con testimonios de corte documental de sendos amigos de la pareja en cuestión, ambos escépticos al amor y cada uno a su manera tratando de desvirtuarlo: el uno, hace un paralelo de la vida sexual de los animales con el amor humano; y la otra, con notable memoria para las estadísticas, comprueba matemáticamente la ineficacia del amor.

A esta originalidad narrativa e ingenio y lucidez en el tratamiento del tema, se le pueden sumar sus buenas interpretaciones, las magníficas imágenes verbales y visuales que asisten cada secuencia y el derroche de buen humor. En suma, una película espléndida y encantadora, que con una historia sencilla y sobre un tópico ya ampliamente transitado, le puede enseñar mucho a la gran mayoría de los realizadores latinoamericanos, quienes indudablemente quedaron en deuda con el público.

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