El ama de casa que desafió su mundo

Por Oswaldo Osorio

Una mujer atiende los invitados en una fiesta y organiza el desorden. Luego nos damos cuenta de que ella misma es la agasajada de la fiesta, se celebra su cumpleaños. Con esta elocuente y patética primera secuencia, esta directora argentina ya nos revela todo el juego de reglas y relaciones que se darán en esta película, describiendo con contundencia la personalidad de su protagonista y el universo del que hace parte, un universo que disimuladamente la subyuga y del que ella todavía no sabe que se quiere liberar.

Y sí, se trata de una historia de liberación como tantas ha contado el cine, sobre todo con mujeres (además hecha por una mujer). Pero no es una de esas liberaciones de siempre en que la mujer infeliz, con un infierno de matrimonio, manda a volar todo eso que la oprime, sino que esta es la historia de una liberación más sutil, menos dramática y más desde el interior de la protagonista que desde el exterior de su vida cotidiana.

Un hecho incidental, el descubrimiento de su singular pasión y talento para armar rompecabezas, hace que esta mujer descubra otro mundo distinto al de su monótona y opaca vida de ama de casa. Fue un rompecabezas, pero pudo haber sido el macramé, la numismática o las clases de tai chi, lo importante es que en ella todo estaba dado para ese despertar a la autodeterminación y a sentir otras cosas en la vida.

Y no es que estuviera rodeada de trogloditas que la maltrataban día a día, todo lo contrario, convivía con tres hombres decentes y cariñosos. Pero justamente ese es el problema, que su condición de marginación y servilismo en ese entorno familiar pasaba como el estado natural de las cosas. No había mala intención en estos hombres, pero eso no necesariamente niega que los roles en muchos sectores de la sociedad son de una arbitrariedad y un machismo campantes, en especial cuando son legitimados por el matrimonio.

Armar rompecabezas, conocer a un compañero que compartía esta pasión e incluso competir mostrando sus habilidades, hizo que esta mujer levantara su mirada siempre fija en el lavaplatos, el fogón y la escoba. ¿Y su familia? Muy bien, gracias. Solo algunos roces cuando su pasión rayaba con la obsesión, pero todo en su cotidianidad seguía más o menos igual, no obstante, en lo esencial era ya muy diferente, pues ahora era una mujer transformada, con una pasión y una nueva actitud ante su vida.

Ahora, esta película no es una rueda suelta dentro de la cinematografía gaucha. Su debutante directora ya había trabajado con varios de los más importantes realizadores del Nuevo Cine Argentino, y su película misma está vinculada con este movimiento que ha dado, desde mediados de los años noventa, un nuevo aire al cine de ese país y de toda Latinoamérica.

El realismo cotidiano es la principal característica de este movimiento, lo cual quiere decir que en su narrativa y puesta en escena la película apela a un naturalismo que resulta el mejor vehículo para expresarnos, con todo su patetismo, la cotidianidad de esta mujer. Y así mismo es la interpretación de María Onetto, quien se echa sobre sus hombros esta mesurada pero potente historia de liberación femenina.

Publicado el 11 de septiembre de 2011en el periódico El Colombiano de Medellín.

  

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