Las falsas certezas del amor

Por Oswaldo Osorio Image

Las películas del Dogma 95 nunca tienen personajes normales. Todos sus protagonistas son neuróticos, tienen un trauma emocional u otras cosas parecidas. Sus historias casi siempre consisten en llevar al extremo estos problemas y obligar a que los personajes las confronten entre sí. Esta película no es la excepción: la protagonista es una cobarde emocional y mentirosa por necesidad, su hermana es depresiva y está dolorosamente despechada y el ex-novio de ésta es un hombre desorientado que probablemente está infectado de SIDA.

Desde que en 1995 Lars Von Trier y otros tres directores daneses propusieron una forma distinta de concebir las historias de cine, se han hecho ya poco más de ochenta películas con el certificado del Dogma 95 (incluso entre ellas supuestamente hay una colombiana titulada R.U.M.B.A). La idea de esta propuesta era volver a la esencia del cine y renunciar a todo el artificio y parafernalia que rodea actualmente las producciones, especialmente las de Hollywood. Si bien con esto no estaban inventando nada nuevo, pues ya esa idea había sido desarrollada por la Nueva Ola Francesa y algunos directores independientes, fue un movimiento acogido por muchos realizadores en el mundo, en parte gracias a la gran publicidad que recibió por su radical y polémica propuesta.

El gran problema de las película Dogma 95 es que le han dado una gran preeminencia a la puesta en escena y han dejado prácticamente de lado las posibilidades expresivas que el cine tiene en el montaje y, sobre todo, en la fotografía. Por eso son películas narrativa y visualmente poco atractivas y todo se centra en las actuaciones y en el drama de los personajes. Tal vez por eso sus historias recurren a construir personajes con las características antes mencionadas, quienes protagonizan historias donde el efectismo ya no es en las imágenes y en el lenguaje del cine, sino en sus argumentos y en los dramas que desarrolla.

Sin embargo, en Tacha azul hay una novedad en este sentido, pues si bien apela a esos golpes de efecto emocionales, como el sida, las drogas, la desorientación emocional o el desequilibrio mental, buena parte de su relato está contado en clave de comedia. Aunque la película en esencia trata sobre el amor, sus falsas certezas y lo doloroso e inexplicable que puede ser, aborda todos estos asuntos sin mucha gravedad, lo cual le funciona sólo por momentos. La excusa argumental son los preparativos para la boda de la protagonista, y a partir de esto le da una mirada a un grupo de personajes que hacen sus apuntes sobre el tema del amor y las relaciones, desde la elementalidad machista del novio y sus amigos, pasando por el cinismo de las damas de honor y la angustiante mirada de la hermana depresiva, hasta los dilemas de diversa naturaleza que enfrenta la novia.

Se trata, en definitiva, de una película irregular, pues desde la misma decisión de inscribirse dentro de las reglas del Dogma 95  ya hay unos elementos a favor y otros en contra. Así mismo, como comedia resulta efectiva en algunos pasajes y en otros se antoja con un argumento demasiado forzado y cargado de gratuitas arandelas, lo cual no sería problema de no ser porque tiene también un componente dramático y que pretende ser realista y reflexivo. De hecho, la película consigue un poco de todo esto: ser graciosa, dramática y hasta ingeniosa (con la banda musical imaginaria, por ejemplo), pero también es tediosa por momentos, inverosímil y dispersa en su narración. Con todos estos altibajos, su apreciación dependerá más de cada espectador y hasta del  ánimo en que se encuentre al verla.

Publicada el 22 de septiembre de 2006 en el periódico El Mundo de Medellín.

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