Un hombre de éxito, un perdedor

Por Oswaldo Osorio Image

Hay quienes se pasan la vida entera buscando ser aceptados. Para conseguirlo luchan contra todo, no dudan en transformarse y lo que en última instancia consiguen es traicionarse. Esta monumental película, que nos habla de amor, política, historia y sionismo, es en esencia un relato sobre la búsqueda de aceptación y la consecuente pérdida de identidad.

Se trata de un filme épico sobre tres generaciones de una familia húngara y las consecuencias que les implica su origen judío. Son casi cien años en que los tres personajes centrales (hijo, padre y abuelo) tienen que sobrevivir a la intolerancia antisemita y a los vaivenes políticos de su país y en general de Europa. Para hacerlo, toman decisiones que les asegura la aceptación o supervivencia, como cambiar de apellido, de religión o ver asesinar a su padre sin atreverse a hacer nada.

Son tres personajes muy parecidos, por eso no es gratuito que estén interpretados por el mismo actor (Ralph Fiennes), quien sabe matizar bien las sutiles diferencias entre ellos. Pero es como si fuera un mismo hombre que no envejece en ochenta años. Hay una ingenua pasión en él y una firmeza de principios que, sin embargo, implican pusilanimidad, cobardía y renuncia a lo verdaderamente esencial. Es un triunfador, pero a costa de dejar de ser él y defraudar a quienes lo rodean.

En contrapartida, hay un cuarto personaje, Valerie (esposa, madre y abuela), que sí permanece todo el tiempo y que tiene la valentía, el arrojo, la decisión y la firmeza razonable que a él (ellos) le falta. Ella es como la conciencia del filme, de la saga familiar. Es el querer ser, mientras que él es el deber ser. Por eso ella sobrevive las dos guerras mundiales y el régimen comunista que acaban con los otros tres, por eso también gana las otras guerras que ellos pierden, las del amor, que los destroza por dentro mientras las guerras políticas lo hacen por fuera.

De ahí que, además de ser una película intimista, en la medida en que muestra muy de cerca conductas y sentimientos, también es una crítica radiografía de la dinámica histórica y los muchos pasajes absurdos y crueles que ella tiene. Tanto en su vocación intimista como histórica, es un filme con una producción impecable y portentosa, dueña de una tensión dramática y argumental que nunca abandona al espectador y de una belleza en sus imágenes que le disputa protagonismo a la intensidad y el dramatismo de la historia, de esta gran historia.

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