La muerte como despedida

Oswaldo Osorio

En plena era del giro subjetivo, de las narrativas del yo y del cine autorreferencial, una película como esta no sorprende, pero no por eso deja de ser novedosa y estimulante. Esos términos mencionados se refieren a una concepción del cine, en especial del documental, donde la pretendida objetividad que definía a este tipo de discurso audiovisual ya no es condición para hablar de la realidad. Ahora esta se puede abordar desde la subjetividad, la primera persona y hasta la intromisión de la autora misma en la historia que está contando.  

Eso hizo la documentalista estadounidense Kirsten Johnson con Dick Johnson Is Dead, que acaba de ser estrenada en Netflix. No solo documentó los últimos años de vida de su padre, quien a sus 84 años empezó a perder la memoria, sino que no contenta con incluirse en su historia, además recreó las posibles muertes que su progenitor podría tener. En otras palabras, realizó un documental con componentes de ficción para despedirse de su padre y, de paso, reflexionar sobre la vida, la muerte, el amor filial y la memoria.

El anciano siquiatra, aún vital y lúcido, se presta para el juego ficcional y documental de su hija. Es un pacto filial que los hace cómplices de una doble empresa: por un lado, empujar los límites y definiciones cada vez más borrosos entre el cine de lo real y el argumental; y por el otro, asumir con entereza la inevitable e inminente separación que significa la paulatina pérdida de memoria de él y su eventual muerte. Por eso se trata de un cariñoso y desenfadado duelo por anticipado y, a la vez, el fortalecimiento de sus lazos afectivos en el final de su relación.

El leitmotiv del relato, que además es lo que le da el valor agregado a la película y también lo que resulta más entretenido, son las distintas simulaciones de las muertes de este bonachón y entrañable viejo. Es el juego de la muerte para prolongar la vida, esa que pervive en el recuerdo, el de su hija y sus seres queridos. Con este juego también vencen el miedo que le tienen a esa doble forma de dejar de existir: la pérdida de la memoria y la desaparición física. Un miedo presente desde que se fue la madre, quien también lo hizo en ambos sentidos.

Ver a Dick Johnson muriendo en repetidas ocasiones o en el cielo o bailando como Fred Astaire, le confiere a este documental un tono agradable y divertido, el cual contrasta con el desasosiego de eso que siempre esta presente en cada escena pero que nunca se dice: que tal vez pronto él ya no va a estar más.

Dice Valeria Valenzuela que el documental contemporáneo se aleja del periodismo y se aproxima, en términos de su gramática, a los filmes de ficción, y eso hace esta película, construir una fantasía para retratar a un personaje y hablar de una verdad, pero también opera como dispositivo de catarsis, como soporte emocional y como un medio para propiciar unas acciones y sentimientos. Porque en el cine actual, la realidad que documentan los cineastas también puede ser creada por ellos mismos.

Publicado el 26 de octubre de 2020 en el periódico El Colombiano de Medellín.

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