Un nuevo lenguaje

Oswaldo Osorio

A los contactos extraterrestres en el cine siempre les urge responder una pregunta: ¿A qué vienen? La mayoría de películas la responden rápidamente porque eso les permite definir el tono del relato, muchos de los cuales tienden hacia la trama de acción producto de la lucha contra una invasión hostil. Este filme, en cambio, hace de esa cuestión todo el desarrollo del relato, dejando un poco anegada la narración en un parsimonioso drama que le da vueltas a la misma intriga.

Pero ese planteamiento argumental termina siendo solo una excusa que le permite a la película hablar (o mencionar al menos) de otros temas mayores, como la naturaleza desconfiada y belicosa de la raza humana, la fragilidad de la política exterior de las potencias en momentos de crisis y, sobre todo, lo esencial y trascendental que puede ser el lenguaje y la comunicación para la humanidad y su civilización.

De hecho, este último aspecto es el eje sobre el que gira casi todo en la película: la construcción del personaje principal, la búsqueda de la respuesta a la presencia extraterrestre, las reflexiones científicas y la misma relación entre las naciones con presencia alienígena. Entonces reflexionar sobre el lenguaje y distintos principios y procesos comunicativos termina siendo el elemento de mayor peso y significación de esta historia, sin que tampoco diga mucho muy original o revelador al respecto.

Y es que una característica de toda la propuesta de esta película es que no revela mucho. Se trata de una de esas tramas con un gran misterio (lo que quieren los alienígenas en este caso) sobre el que la narración suelta muy poco. Solo al final del relato da una respuesta rápida, pero elaborada con la complejidad de una explicación que no satisface del todo, y adicionalmente complicada por una estructura narrativa que juega con el orden del relato, aunque hay una muy buena justificación para esto.

De otro lado, las soluciones visuales y de puesta en escena de la película ciertamente resultan originales y con su propio carácter estético y de diseño: Las naves espaciales con su misteriosa austeridad; el lenguaje alienígena, definido con estilización y simpleza; y el mismo aspecto de los extraterrestres, concebido sin facilismos ni (muy evidentes) lugares comunes. Todo contribuye a hacer de esta, al menos en su aspecto estético, una propuesta atractiva y con cierta novedad.

Sin embargo, desde Encuentros cercanos del tercer tipo (Spielberg, 1977), pasando por Contacto (Zemeckis, 1997), hasta El día que la tierra se detuvo (Derrickson, 2008), la historia y protagonista de La llegada (Arrival, 2016) ya se hace muy familiar y recurrente. Más bien es una película un poco pretenciosa, porque parece prometer cosas que en últimas no entrega. Habla de grandes temas y apenas quedan enunciados. Crea una intriga que hábilmente sabe ir incrementando, pero que se desinfla con una explicación final más bien complicada y forzada, contrariando toda la espera a la que somete al espectador.

 

Publicado el 13 de noviembre de 2016 en el periódico El Colombiano de Medellín. 

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