¿El poder para qué?

Por Oswaldo Osorio

Puede decirse que existe un género cinematográfico que bien podría llamarse “cine de intrigas palaciegas”. Porque es larguísima la lista de películas que se ajustan a este esquema y que emplean unos elementos reconocibles: el conflicto está definido por la luchas de poder, el escenario de la acción está delimitado y determina a sus personajes y la acción, sus historias contienen violencia, amor, infidelidades, vicios, lujuria, juicios sobre la moral y, las subtramas o temas de fondo son confrontaciones políticas e ideológicas.

Pero lo importante es cómo cada película hace variaciones a estos elementos del género. En este caso, aunque todos esos componentes se pueden reconocer en infinidad de películas, definitivamente ésta no es como cualquiera, pues el énfasis está puesto en un par aspectos que escasamente se han visto en otras cintas. Uno de ellos es la relación que establece el rey con un advenedizo y el otro es el significativo debate ideológico que hay tras las luchas de poder.

La película comienza con la princesa Caroline Mathilde de Inglaterra, quien viaja para casarse con el rey Christian VII de Dinamarca, un hombre con un tipo de desequilibrio mental. Hasta aquí todo igual que en otros filmes. Pero cuando llega el doctor Johann Struensee, desestabiliza todo en palacio, porque no solo protagoniza el triángulo amoroso que sugiere el título, sino que también quiere cambiar al Estado mismo con sus ideas inspiradas en el espíritu de la Ilustración.

A despecho del triángulo amoroso y del título, esta no es otra de esas películas en que el destino de un reino se decide en la cama y por intrigas de esposas y amantes (aunque algo de eso hay). De hecho, mucho más importante para la trama e interesante para el drama y la construcción de los personajes, es la relación que se desarrolla entre el rey y su doctor, sobre todo por la evolución que tiene esta relación: primero es de compinchería, luego de amistad, después como de padre a hijo, hasta que deviene en tiránica, para terminar en resentimiento.

Por otro lado, hay un conflicto de fondo, de corte ideológico y político, que también tiene una intensa y rica evolución. Porque la Dinamarca que encontraron la princesa y el doctor, era la de un país regentado por un consejo de ministros para quien el rey era solo un niño grande con corona, un país sumido aún en prácticas medievales en lo social y estatal. Mientras que los recién llegados tienen ideas liberales y son asiduos lectores de Rousseau y demás pensadores de la ilustración.

Con la figura del doctor en el centro, que busca la modernización del país y al tiempo se enreda en las sábanas de la reina, esta historia palaciega es construida con intensidad y solidez. El contrapunto entre las íntimas y complejas relaciones interpersonales y los juegos de la política con el destino de un país de por medio, hace de esta cinta un relato lleno de implicaciones ideológicas y emociones, teniendo siempre lo uno que ver con lo otro, porque es una historia donde la razón lucha contra la tradición, pero sucumbe ante la pasión.  

Publicada el 24 de marzo de 2013 en el periódico El Colombiano de Medellín.

TRÁILER

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