Batman tiene Master Card

Por Oswaldo OsorioImage

El más místico de los superhéroes, Batman, el hombre murciélago, acaba de ser banalizado (de nuevo) en su más reciente aparición cinematográfica. Y es que desde que Bob Kane creó al héroe de Ciudad Gótica en 1939, se ha realizado toda una gama de versiones para la pantalla, que van desde el maniqueísmo ambientado con cartones coloridos, hasta la creación de un complejo universo físico y sicológico cargado de simbolismos.

En los cuarenta se realizó una serie de quince capítulos, que competía por la nada honrosa posición de peor película con otras series de sueperhéroes como Flash Gordon o Superman. Fue mucho más aceptable la paródica saga televisiva que protagonizó Adam West en 1966 para la ABC. Incluso de ella salió un largometraje con las mismas características, es decir, la experimentación simultánea con la estética de circo, el kitch y el pop, incluyendo, por supuesto, las famosas onomatopeyas gráficas que el sobrio Bob Kane jamás dibujó en sus originales.

Batman & Burton

Pero definitivamente el capítulo más memorable de la batimanía fílmica es el dirigido PORel prodigioso Tim Burton en 1989, juicio que está respaldado por su elaborada atmósfera visual, la solidez de la historia y lo estructurado de sus personajes. Tres años más tarde, Burton vuelve a la carga con una segunda parte, en la que conserva la misma oscura y turbadora estética, pero decae un poco en la firmeza argumental y el perfil de los personajes.

Batman eternamente (1995), de Joel Schumacher, llega para desentonar con el universo creado por sus inmediatas predecesoras: las atmósferas no son tan góticas ni tan oscuras, su historia deja mucho qué desear, los villanos son sólo caricaturas y la presencia femenina carece de fuerza y corrompe la imagen de Batman, eso por no mencionar la aparición de Robin.

Batman & Robin (1997), también de Schumacher, se resumiría repitiendo casi textualmente lo anterior, sólo que en medio de un largo bostezo.  Esta nueva incursión del hombre murciélago tenía muchos más elementos para ser una super producción de gran calidad, sin necesidad de hacer muchas concesiones, pues había más millones respaldándola, tenía un Batman con mayor presencia (George Clooney), hacía su aparición Batichica y, especialmente, tenia la atractiva participación (como villano!) del último gran héroe del cine: Arnold Schwarzenegger, interpretando a Mr. Freeze.

Sin embargo, todo esto de nada valió, porque lo primero que defrauda es lo principal, la historia. La línea argumental de Batman & Robin parece una colcha de retazos, no tiene consistencia alguna y está desde el principio entorpecida por la presentación de tanto personaje. Presentaciones que, por demás, se antojan demasiado ingenuas y elementales, cuando no del todo gratuitas y artificiales, como sucede con Batichica, quien llegó como salida de manga de mago para unirse a ese singular club de huérfanos ricos y resentidos. Está bien que todo es material del comic original, pero en éste un personaje nace cada veinte entregas y no cuatro en una  sola historia.

Héroes del jet set 

En este tipo de películas, la obligada montaña rusa de secuencias de acción, debe mantener un cronométrico ritmo con las escenas de diálogos, para que el espectador no se canse ni de lo uno ni de lo otro. Las secuencias de acción, por malas que sean (que no es necesariamente este el caso), enganchan a cualquiera; pero los diálogos en Batman & Robin, son verdaderamente abominables, no queda ni sombra de la mordacidad de Jack Nicholson interpretando al Guasón en Batman, o de las insinuantes palabras de la hermosa Michelle Pfeiffer en Batman vuelve, enfundada en el cuero sintético de Gatúbela.

Pero en este último capítulo, los diálogos  son un insulto a la inteligencia del espectador, pues son del todo insustanciales, están constituídos por chistes flojos y esas frasesitas salidas de tono en los momentos menos apropiados, tan caracteríasticas del cine más comercial de Hollywood. Ni hablar de aquellos que hacen parte de situaciones tan  desafortunasdas como aquélla en la que Batman saca una tarjeta de crédito con su logo-símbolo, que dice textualmente: “válida por siempre”.

Por otra parte, la contrucción (destrucción?) sicológica de los personajes se rige por el colorido de las luces que los ilumina, porque con Joel Schumacher, los otrora super héroes de la oscuridad, conceden entrevistas, asiten a fiestas y las organizan. Además, se ven asaltados por sentimientos del todo inconsecuentes con su carácter de héroes místicos, entonces se asoma una sospechosa actitud filogay, y tanto murciélago como cardenal parecen empezar a descender al infierno de los celos. Cómo no va a ser mucho más atractivo ese Batman de personalidad sicótica, oscura y perturbadora recreado por Tim Burton?

Bellas y villanos

La industria comercial del cine tiene sus reglas, como no hacer parecer feas a las divas, no matar a los buenos, no dejar impunes a los malos o no dejar que una reconocida estrella haga de villano, a no ser que reciba su leve reprimenda y que, al final, enmende todo el mal hecho. Esto último es precisamente lo que sucedió con Mr. Freeze, interpretado por Scwarzenegger, quien después de todas sus pilatunas, bastó que fuera generoso con su selecto botiquin ambulante para que se reivindicara con el público.

En cambio, Ivy Poison, la bella Umma Thurman, la villana ecológica (no podía faltar en estos tiempos), sí era sacrificable en los códigos de la  industria, y al final fue quien se llevó la peor parte. En cuanto a Bane, el tercer villano, fue reducido a una mole estupidoide, aunque en el comic original es precisamente él quien le parte la columna a Batman y lo postra en una silla de ruedas, pero evidentemente esa es otra historia.

Después de todo esto, lo menos que podía hacer Schumacher y compañía era lucirse con los efectos especiales y el diseño de producción, pero tampoco fue así. En cuanto a los efectos, son apenas los aceptables para nuestro tiempo, y el en segundo aspecto, se limita al glamuroso vestuario y sus accesorios, porque la sugestiva arquitectura gótica y esa estética de expresionismo pop que conocíamos, se cambian por una ciudad semi-desierta, poblada de esculturas monumentales y por una estética inspirada por culquier disco neoyorkina, más propia de un video clip

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