Perdidos en el bosque

Por Oswaldo OsorioImage

Hace apenas unas semanas que, en este mismo espacio, me quitaba el sombrero con mis palabras ante el director neozelandés Lee Tamahori y su excelente película Somos Guerreros. Pues bien, resulta que se acaba de estrenar su tercer filme: Al Filo del Peligro (The Edge, 1997), un trabajo que da cuenta de su total vinculación al engranaje de Hollywood, no sólo porque está producido por uno de los grandes estudios y es protagonizado por Anthony Hopkins y Alec Baldwin, sino también por la historia que nos cuenta y la manera en que lo hace.

Bueno, pero antes de ir un poco lanza en ristre contra Tamahori y su nuevo filme, quisiera llenar ese bache que dejé en el párrafo anterior, me refiero a su segunda película. Mullholland Falls (1996) es el resultado de la confianza (y condicionamientos) que la Meca del cine puso (e impuso) en este director tras el éxito mundial de su opera prima. Su reparto da a bien entender en qué medida apostaron los productores al talento de Lee Tamahori: Nick Nolte, John Malkovich, Chris Penn, Chazz Palmintieri, Jennifer Connelly y Melanie Griffith. Esta película es una pieza de cine negro acerca de una fuerza especial de cuatro hombres, creada por la policía para combatir el crimen en la ciudad de Los Ángeles. El planteamiento inicial es interesante, pero en alguna parte se diluye en una inconsistente intriga militar y política. Gran decepción.

Personajes y perfiles

Además de su director, Al Filo del Peligro tenía como atractivo adicional a David Mamet, su guionista, uno de los personajes más respetados del cine independiente por su talento y poder creativo. Aparte de su brillante carrera como dramaturgo, Mamet ha realizado innumerables guiones que le han valido el reconocimiento de la crítica. De su pluma han salido los guiones de películas como El Cartero Llama Dos Veces (Bob Rafelson), Los Intocables  (Brian de Plama) o Hoffa (Danny de Vito); y como director tampoco lo ha hecho nada mal, así lo atestiguan sus tres únicos filmes: Juego de Emociones (1987), Las Cosas Cambian (1988) y Homicide (1991).

Pero esta casi prodigiosa hoja de vida de Mamet y la originalidad y fuerza de ese filme con que Tamahori se dio a conocer, no se reflejaron mucho en este último trabajo. De entrada se plantea el recurrido tema del hombre perdido en un ambiente hostil y salvaje. Pero es que películas de “perdidos en el bosque”, o en la selva, o en la nieve, o hasta en el espacio, ya hemos visto suficientes. Incluso, que sólo utilicen esta situación como excusa para explorar la naturaleza humana bajo circunstancias extremas, ya también es una historia que conocemos bastante bien, sólo baste mencionar una sola película que lo hizo con sobrada efectividad y virtuosismo:  El Señor de las Moscas (1992), de Harry Hook.

Y parece que en parte ésta es la pretención de la película, pues sí se plantea un conflicto entre sus dos protagonistas principales, un millonario y un fotógrafo profesional, quienes  se pierden en aquella tierra inhóspita después de que se accidentara su avioneta. Pero este conflicto, en principio sólo insinuado y al final declarado, se presenta carente de dimensión a lo largo de la película y a la postre resulta del todo predecible, el peor error que puede cometer alguien que está contando una historia.

Y esta falta de dimensión es producto, en gran medida, de la pobre e inconsistente caracterización sicológica de estos mismos personajes, pues en muchas ocasiones sus actos no son consecuentes con su supuesto perfil, lo cual es más evidente en el caso del fotógrafo (Baldwin); o lo que es peor, se antojan por completo irreales, especialmente en el caso del millonario, interpretado por Anthony Hopkins, quien encara las más desesperantes situaciones con la misma estoica calma con que servía el té en Lo que Queda del Día.

Un filme de aventuras

Pero si al parecer tanto Mamet como Tamahori fracasaron en su intento por darle una perspectiva más intensa y profunda a su película, no hay que negar tampoco que la historia, así como su narración, manejan un buen sentido de la aventura, y dentro de este esquema, las secuencias de acción y suspenso dan muestra del buen oficio del director y de las virtudes del material con que trabajaba.

Claro que esto nos lleva al planteamiento inicial, pues así como filmes de “perdidos en el bosque” hay bastantes, películas de aventuras, que es a lo que queda reducida ésta, sí que las hay, y hasta mucho mejores, todos sabemos que hay infinidad de directores especializados en su realización, entre otras cosas porque es uno de los géneros más rentables. Lo cual no deja de ser muy sospechoso, y al tiempo decepcionante, porque de nuevo somos testigos del poder corruptor de Hollywood, del cual parece muy pocos están exentos. Por todo esto, Al Filo del Peligro, de Lee Tamahori, resulta ser a fin de cuentas, sólo una película más.

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