El buen chico y Malamadre

Por Oswaldo Osorio

Hay géneros cinematográficos que están determinados por el espacio en el que se desarrolla su historia. El western es el más claro ejemplo de ello. De acuerdo con esto, hay quienes hablan del género “carcelario”, que si bien resulta un poco exagerado llamarlo género (a lo sumo puede ser un subgénero), es cierto que el lugar y los personajes que forzosamente lo habitan pueden definir un esquema y unas características generales presentes en los relatos a los que se le aplica tal rótulo.

Esta cinta española, aunque en esencia es un thriller, contiene estos elementos del cine carcelario y, como ocurre con todos los filmes que apelan a un esquema, lo importante es cómo combinan tales elementos y aplican el esquema, lo cual aquí se hace de forma ingeniosa y precisa para conseguir un relato visceral y contundente a partir de un espacio y unos personajes harto conocidos.

El guardia que en su primer día de trabajo queda en medio de un motín y, para salvar su pellejo, se hace pasar por un preso nuevo, es una premisa que de entrada resulta original y prometedora, aunque hay que aclarar que su origen es la novela homónima del periodista Francisco Pérez Gandul. A partir de este planteamiento, lo que viene es una doble confrontación, un doble conflicto que le da el sabor adicional a esta película de “cárceles y motines”. Por un lado, el tire y afloje entre los internos y las autoridades carcelarias, una historia ya vista mil veces; pero por otro, el encuentro entre el recién llegado y el líder de la cárcel, Malamadre.

Es el juego de poderes entre estos dos hombres, así como la compleja relación que se teje entre ellos, lo que jalona todo el relato y le da el giro adicional para que no se quede en otra película más sobre cárceles. Porque se trata de una relación ambigua y contradictoria, de respeto y desprecio, de admiración y desconfianza, de amistad estimulante y guerra declarada entre enemigos. Es por eso que su relación siempre es cambiante, llena de matices y siempre al borde de un desfiladero de razones y emociones que en un momento están sobre piso firme y en el otro trastabillan sobre el abismo.

La habilidosa conjunción entre estos dos conflictos es lo que le permite a esta cinta mantener ese brío y esa tensión durante todo el relato. Los momentos de calma son para darle cuerpo a los personajes, sus relaciones y emociones, pero de pronto, todo vuelve a estallar y la trama toma un nuevo rumbo. De ahí se desprende su mayor virtud narrativa y argumental, que es su capacidad de dar giros inesperados, por lo general ingeniosos y convincentes. Aunque es cierto que el giro definitivo, el que justifica la actitud final que asume el guardia/preso por lo que le sucede a su esposa, resulta de lo más gratuito, una decisión argumental para que la trama encaje y el efectismo mayor, que se suma a otra serie de efectismos que tiene la película.

Porque se trata de una película efectista, sin duda. Su intención, como la mayoría de los thrillers, es manipular las emociones del espectador a partir de la intriga y el suspenso, principalmente. La trama está amañada para el final impactante y conmovedor, así como los personajes de la esposa y el jefe de carceleros, principalmente, son diseñados maniquea y torpemente para que el crescendo dramático y su clímax funcionen. La misma interpretación de Luis Tosar, como Malamadre, que se roba toda la atención, dentro de su perfecta y contundente caracterización tiene mucho de rimbombante y complaciente.

Aún así, en el cine de género están permitidas estas tretas y estilizaciones. Por eso este texto empieza definiendo la película desde su subgénero, el cine carcelario, y su género, el thriller, porque son esquemas que se prestan y hasta han sido creados para eso, para buscar el efecto que con solidez consigue este raudo y tensionante relato, que no es otro que el de jugar con las emociones del espectador, obligándolo a identificarse con uno y luego con otro personaje, a especular sobre posibles culpables y desenlaces, a sentir que está allí encerrado con todos esos presos y sus emociones.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Daniel Monzón
Guión: Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón; basado en la novela de Francisco Pérez Gandul.
Producción: Emma Lustres, Borja Pena, Juan Gordon y Álvaro Augustin.
Música: Roque Baños
Fotografía: Carles Gusi
Reparto: Luis Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Marta Etura, Carlos Bardem, Manuel Morón.
España, Francia -2009 - 110 min.

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