Jugando al papá y a la mamá

Por Oswaldo Osorio

altLa historia que cuenta esta película es una catástrofe mayor que el hundimiento del Titanic. Y es que el drama que aquí se presenta es propio de buena parte de la sociedad norteamericana y, por extensión, de un gran sector del mundo contemporáneo. Esto a despecho de quienes piensan que verán otra romántica historia de amor protagonizada por la que es, según la taquilla, la pareja más popular del cine de todos los tiempos (DiCaprio-Winslet). Porque esta historia comienza donde el amor termina, o al menos donde éste deja de ser lo más importante.

Antes de que el espectador se haya acomodado en su butaca, el relato salta del paraíso del amor a primera vista al infierno del matrimonio, pues su director no se anda con rodeos y de entrada asume su asunto, esto es, poner al descubierto el vacío y la muda frustración que experimentan todas esas parejas aprisionadas en el esquema a partir del cual funciona la sociedad norteamericana, en especial esa aséptica clase media que vive en los suburbios jugando al papá y a la mamá, justo como lo dictan los comerciales de televisión.

Esta película es, entonces, un ataque directo al american way of life. Ya este director lo había hecho con cierto impostado cinismo en Belleza americana (1999), pero en su nuevo filme corroe dicho estilo de vida desde sus entrañas mismas, desde la intimidad de un matrimonio y sus anhelos. El relato enfatiza su tesis al tomar a una pareja que se supone es diferente a todas las demás. Son librepensadores (al menos en su medio) que alcanzan a hacer una declaración de independencia. Pero justamente por ser especiales, es que resulta más estruendosa su caída al fracasar sus propósitos. El sistema y su entorno, que ya se los habían empezado a devorar, no se los permitió.

El “camino revolucionario” del título es una obvia ironía acerca de la uniformada y aconductada vida de quienes viven en esas casas, sobre todo las aburridas amas de casa en sus interminables rutinas. Pero para los hombres, aunque salen todos los días al “mundo”, es un mundo igual de uniformado. Todos van como zombies a incorporarse al ejército de pusilánimes resguardados en cubículos, haciendo lo justo, incluso buscando no destacarse y cuando lo hacen es por equivocación. Es por eso que cuando Frank y April deciden salir de todo aquello (o como ella lúcidamente dice: más bien entrar y volver a vivir), el único que los entiende es el loco, un personaje un poco forzado pero muy útil para dejar claro de qué está hecho aquel sistema y qué le pasa a los que quieren contradecirlo.

Si bien es cierto que la historia se desarrolla a mediados de los cincuenta, que es cuando este estilo de vida se consolidó y, por eso, cuando es más evidente, aún está vigente este estado de cosas. Pero adicionalmente, contextualizarlo en esta época le sirve mucho al planteamiento visual del filme, para enfatizar la monotonía y uniformidad de ese estilo de vida: todo está nuevo, aséptico, ordenado y construido en serie. Cada plano y la iluminación propuesta se aprovechan de ello. El contraste es revelador y elocuente cuando vemos ese opresivo drama enmarcado en un universo visual impecable y feliz.

Así mismo, la narración está sostenida por el desempeño y evolución de los personajes, por eso es una película de actores, donde los diálogos y el contrapunto entre Frank y April sostiene permanentemente la tensión con distintos tonos. Pero sobre todo, la clave es el drama, que se va haciendo cada vez más intenso, malsano incluso. Casi toda la película es una larga discusión marital, que por momentos se puede hacer pesada, pero que resulta absolutamente necesaria para elaborar esa disección de un par de espíritus libres que, sin embargo, no tienen escapatoria; y también es necesaria para crear ese desolador retrato de una sociedad que cayó en la trampa de una rutina que le ha hecho confundir los medios con los fines. Porque el trabajo, la casa, el carro, los hijos y el bienestar económico sólo son los medios, y aquí parece que son el fin, y justo ahí es donde empieza la tragedia.

Publicado el 6 de febrero de 2009 en el periódico El Mundo de Medellín.  

FICHA TÉCNICA

Dirección: Sam Mendes.
Guión: Justin Haythe; basado en la novela "Vía Revolucionaria" de Richard Yates.
Producción: John N. Hart, Scott Rudin, Sam Mendes y Bobby Cohen.
Música: Thomas Newman.
Fotografía: Roger Deakins.
Reparto: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Michael Shannon, Kathryn Hahn, David Harbour, Kathy Bates.
USA, Reino Unido – 2008 - 119 min.

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