De la favela como género

Por Oswaldo Osorio

La cinematografía brasileña, como la colombiana, siempre ha estado muy abocada a retratar su realidad, más aún si ésta es conflictiva y violenta. Esta película de José Padilha nos llega precedida de una fuerte polémica en su país, tanto por su tema, las prácticas de un grupo élite policial en las favelas, como por la manera como lo abordó, que ha provocado discusiones entre izquierda y derecha, cada cual atacando la cinta y confirmando con esto lo complejo que es el asunto de que se ocupa. Además de la polémica, también viene coronada por el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlin, lo que le da una cierta legitimidad de calidad que trasciende su, también, enorme éxito de taquilla.

Esta cinta bien podría ser un capítulo más de un género cinematográfico que podríamos llamar “cine de favelas”, del cual también harían parte la popular Ciudad de dios (Fernando Meirelles, 2002) y la premiada Orfeo Negro (Carlos Diegues, 1999). Son películas que se ocupan esencialmente de retratar el universo y la lógica de las favelas, lo barrios marginales de Brasil. Estos filmes generalmente hacen un recuento de los personajes y leyes de este submundo, dando cuenta de la jerarquía del crimen y el vicio. Todo regido por una moral donde la corrupción y las reglas de supervivencia son las que imponen sus valores. Además, también hay sugerida una estética, definida por el colorido, también por el calor, el kitsch y/o la fealdad de la pobreza, la cámara en mano (por los espacios reducidos y sinuosos) y la muchas veces inevitable vertiginosidad (por la violencia y la acción).

Tropa de élite da cuenta, primero, de que la otra ciudad, la supuestamente legal, no lo es tanto, empezando por su cuerpo policial. Y con la misma lógica devela y denuncia su moral, evidenciándola más corrupta aún que la de las favelas. Porque si la corrupción en los barrios marginales es combatida, esa misma corrupción en la policía es la que, justamente, contribuye para burlar cualquier regla, e incluso, para aplicar a su amaño las leyes a los delincuentes barriales o sacar partido de ellos.

La película pone en medio de su historia a tres personajes que pertenecen a una división policial llamada BOPE (Batallón de Operaciones Especiales  de la Policía), un cuerpo élite con una visión implacable y arbitraria del funcionamiento y aplicación de la ley. Una solución extrema para un mal extremo. Por eso la cinta fue atacada de fascista, porque lo único que al BOPE le importa es la represión violenta de la delincuencia y la historia es contada casi siempre desde su punto de vista. Aunque también fue atacada por, según el gobierno, exagerar y falsear su visión sobre este uso de la fuerza.  

Lo que trasciende el retrato de corrupción y violencia es la posición de los tres mencionados personajes. De un lado, el jefe del BOPE, con sus dudas sobre su continuidad en aquel oficio, y del otro, dos reclutas que, con su ciega convicción, llegan a ser incluso apologéticos con la policía y el BOPE. Pero también está el punto de vista de los delincuentes de las favelas y el de la población civil, representada aquí por estudiantes universitarios, quienes son señalados por la película, primero, por ser los que propician la delincuencia con el consumo de droga, y luego, resultan fácilmente manipulados por las bandas a través de las ONG que los estudiantes crean en los barrios.

De fondo en la película siempre está el sonido estridente de la violencia, que parece inherente a las favelas y a ese cuerpo que las reprime. Es una violencia ensañada, explícita e inevitable. No siempre existe por defensa o supervivencia, sino casi siempre por retaliación y exterminio. Y después de todo, es la violencia la única que prevalece. En este sentido esta película se muestra contundente y desesperanzadora, casi reduccionista: no hay otra salida, sólo la violencia, no hay otra forma, mas que aplicarla sin piedad.

Publicada el 8 de Agosto de 2008 en el periódico El Mundo de Medellín.  

FICHA TÉCNICA

Dirección: José Padilha.
Guión: José Padilha, Rodrigo Pimentel y Bráulio Mantovani.
Producción: Marcos Prado y José Padilha.
Música: Pedro Bromfman.
Fotografía: Lula Carvalho.
Reparto: Wagner Moura, André Ramiro, Caio Junqueira, Milhem Cortaz, Fernanda Machado, Maria Ribeiro, Paulo Vilela.
Brasil - 2007 - 115 min.

 

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