Soledad, intimidad y mirada perpleja

Por Oswaldo Osorio

Image Película inclasificable. De esas a las que almente se le ajusta el ya tan manoseado término de cine independiente. Pero su independencia no sólo es de un gordo presupuesto o de un gran estudio, sino que es una independencia de espíritu y de las convenciones del cine, que en últimas, es la independencia que importa y la que merece el apelativo. Tal vez eso es lo que pasa cuando una artista del video y el performance decide hacer una película, que no tiene que obedecerle a los esquemas del cine y se puede aventurar a explorar otras formar de expresar y comunicar a través de la imagen en movimiento, y Miranda July, efectivamente, lo logra con esta película fresca, desenfadada y al mismo tiempo sensible y profunda.

Se trata de una película coral, donde no sólo Christine (la misma Miranda July) la protagoniza, sino un grupo de personas de todas las edades conectadas entre sí de distintas formas. Pero la verdadera conexión no está en que sean parientes o amigos, sino en ese sentimiento de soledad que parece cruzarlos a todos, y consecuentemente, en ese deseo de tener compañía, ya sea amorosa o sexual, porque incluso tienden a confundir estas dos cosas. Por eso la “trama” de esta cinta se concreta en las erráticas interrelaciones entre ellos, llenas de búsquedas, confusión y salidas en falso, lo cual a veces acentúa la soledad.

Todos ellos viven vidas ordinarias, aunque no necesariamente vacías. De hecho, en sus intentos por escapar de la soledad, emprenden aventuras cotidianas, algunas muy íntimas, con la intención de darle un sentido adicional a sus vidas. Estas aventuras pueden ser tratar de conocer a alguien, personalmente o con conversaciones obscenas en internet; o también un ingenioso flirteo, ya sea un poco vulgar, como el de las adolescentes y el hombre soltero, o romántico y poético como el de Christine y el vendedor de zapatos.

Pero ese “espíritu aventurero” de estos personajes, que parecen vivir en medio de una sociedad aséptica y soporífera, tiene que ver con que miran el mundo de una forma diferente. Hay en ellos, sobre todo en Christine y el vendedor de zapatos, una mirada optimista, a pesar de la frialdad y automatismo del mundo que los rodea, una mirada limpia, tranquila, casi ingenua, con la que emprenden esas búsquedas. Y es esta mirada la que le da el tono a toda la película, lo que le da ese aire sosegado y desenfadado, aunque no exento de un leve malestar existencial de fondo.

En medio de todo, llama la atención la desarticulación que existe entre el universo de los más jóvenes y el de los adultos. También hay erráticas búsquedas y comunicaciones entre unos y otros, además de una incomprensión, que sin ser dramática, aumenta la brecha entre ellos, lo cual hace que miren sus diferentes mundos con perplejidad. Aunque esta perplejidad muchas veces es capitalizada por la directora hacia el humor, pero un humor sutil e ingenioso, a veces cándido y otras perverso, como cuando el niño chatea con la mujer del museo en un insólito y obsceno lenguaje.

Hay una secuencia, la del pez dorado olvidado sobre un carro mientras éste avanza por la autopista, que concentra la esencia de este filme: su carácter coral y episódico, las pequeñas e íntimas tragedias, el deseo de algunas personas por conectarse con otras y mejorar las cosas, y el tono de fábula intimista y optimista con que es contada y que es reforzado por su banda sonora. Por todo esto, es una película que deja un sabor agridulce después de verla, por lo inclasificable que resulta, por esa mezcla de inocencia y perversión, y por el humor con que son miradas ciertas situaciones, pero a la vez, acompañado de una sorda angustia que flota en el ambiente.

Publicado el 18 de Julio de 2008 en el periódico El Mundo de Medellín.

FICHA TÉCNICA

Título original: Me and you and everyone we know
Dirección y guión: Miranda July.
Producción: Gina Kwon.
Música: Mike Andrews.
Fotografía: Chuy Chávez.
Reparto: John Hawkes, Miranda July, Miles Thompson, Brandon Ratcliff, Carlie Westerman, Natasha Slayton, Najarra Townsend.
USA - 2005 - 91 min.

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