La muerte y el universo femenino

Por Oswaldo Osorio Image

El universo femenino es lo que más ha definido el cine de Pedro Almodóvar, pero lo tenía un poco abandonado en sus últimas películas. Con este nuevo filme vuelve a retomar ese universo y lo hace con una soltura y contundencia que parece que nunca lo hubiera abandonado, pero además, retoma otro par de elementos que también habitualmente hacían parte de sus historias y que no se le habían vuelto a ver: la comedia y la cotidianidad de unos personajes en apariencia comunes y corrientes. Junto a esos elementos, están los otros que hacen parte de su marca de fábrica: el uso dramático y expresivo de la música, el cuidado y elocuencia de sus planos, el impecable trabajo con sus actrices, el relato perfectamente armado, unos diálogos honestos e ingeniosos y la presencia de la muerte, que precisamente en este filme juega un papel determinante.

Todas las de Almodóvar son mujeres sufridas. Aunque en esta historia se puede ver sólo fugazmente a un par de hombres, son las consecuencias de los actos de ellos la causa del sufrimiento de las mujeres. Pero en realidad ésta es una historia sobre la “contra” para ese sufrimiento, que no es otra cosa que la fortaleza de estas mujeres, y es la conmovedora solidaridad y el incondicional amor que se da entre ellas los sentimientos que están en la base de esa fortaleza. En esta historia la vida ha golpeado por igual a Raimunda a pesar de su fuerte carácter y determinación, a Sole con su sabia tranquilidad y apocamiento, a Agustina con sus dudas y su bondad, a Irene en su casi anestesiada vida y hasta a Paula que aún no es por completo una mujer. Con todo esto, parecen mujeres demasiado vulnerables, pero ésta también es una historia, no sobre mujeres individuales, sino sobre un grupo de ellas que, juntas, consiguen conjurar esos golpes de la vida, aunque se tarden un poco en conseguirlo y aunque tengan que volver de la muerte.

Y es que la muerte es lo que menos ha golpeado su vida, incluso acude en su ayuda y por momentos hasta parece que es un consuelo. La primera secuencia, por ejemplo, parece un alegre picnic dominical donde en lugar de comer y descansar, lo que hacen todas las mujeres del pueblo es limpiar y pulir las tumbas (incluso las propias) como seguramente lo hicieron con la casa durante la semana. La presencia de la muerte en esta historia es en parte causa del sufrimiento, pero también la clave de la redención y la reconciliación. La forma como introduce y maneja Pedro Almodóvar la idea de la muerte en su historia es de una habilidad asombrosa, pues usa la muerte como un recurso que cumple diversas funciones, ya sea como giros argumentales, como motivación dramática para los personajes, como misterio que oculta y devela el destino, y hasta como resorte para crear humor. Aunque la muerte en esta película en principio parece fantástica o surreal, termina siendo la cosa más natural, tanto para los personajes como para el espectador.

Con esta película Pedro Almodóvar recupera la soltura que había perdido un poco en la forzada trama de La mala educación. Pero además, en esta cinta recupera muchas cosas de lo mejor de sus quince anteriores películas, empezando por Carmen Maura, la primera “chica Almodóvar”. Su personaje aquí, a diferencia de la descarriada y superflua Pepi (la protagonista del primer filme del director), se revela como una mujer lúcida y sabia, una mujer que conoce perfectamente su mundo y lo que debe hacer con él para el bien de sí misma y de los suyos. De igual forma se ve Almodóvar con esta película, pues demuestra una madurez y lucidez que es difícil pensar cómo pueden crecer aún más, pero lo más probable es que así sea, razón de más para, desde ahora, esperar ansiosamente su próxima película.

Publicado el 10 de noviembre de 2006 en el periódico El Mundo de Medellín.

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