El vago y la femme fatale neo punk

Por Oswaldo OsorioImage

El amor, como el suicidio, es una cuestión de vida o muerte. La pareja que protagoniza esta película está en busca de ambas cosas, al parecer no importa mucho cuál llegue primero. De manera que ésta es una historia de amor, tormentosa, llena de desencuentros y necesariamente cruzada por la tragedia. Con este material el director hace una película visceral, cargada de pasión y apasionamientos e impredecible de principio a fin.

El filme viene ostentando el Oso de Oro que se acaba de ganar en el Festival de Cine de Berlín, y su director, el alemán de origen turco Fatih Akin, a pesar de su corta filmografía ha ganado un cierto prestigio con un cine, que si bien no puede decirse que tiene un estilo y un universo definidos, siempre propone unas historias muy bien manejadas y unos personajes atractivos e interesantes. Además, es un cine en el que por lo general están presentes las dos culturas  a las que pertenece.

Los protagonistas de esta singular y nada saludable historia de amor son dos marginales, cada uno a su manera. Ella por el desenfreno con que se quiere comer al mundo y él porque prefiere pasarle de lado a ese mundo, agachado si es posible. Y como las almas perdidas siempre se encuentran entre sí, necesariamente estos dos terminaron juntos, sólo que inicialmente fue una unión por conveniencia. Entonces uno empieza a hacer cábalas y a suponer que la historia se va centrar en su paulatino enamoramiento, pero esto sólo es parcialmente cierto, pues las características y motivaciones de ambos personajes, con todo su ímpetu y pasión autodestructiva, resultan ser mucho más complejas y la consecuencia de esto es que sólo en el último plano conocemos en qué queda esta historia de amor.

El hombre parece el más duro de los dos, pero como siempre, resulta el más vulnerable, de lo cual es prueba los distintos cambios que experimenta a lo largo de la historia: primero está sumido en una dejación autodestructiva, al parecer como consecuencia de una gran pérdida, luego por culpa del amor resulta jubiloso y desenfrenado, para finalmente convertirse en un hombre sereno y hasta aconductado. Ella, por su parte, es una mujer impetuosa y vehemente que es capaz de llevarse todo por delante, aun a sí misma, para conseguir lo que quiere. Y lo que quiere en principio es su liberación de la tradición opresora del patriarcado propio de su cultura. Pero esa liberación no la quiere para otra cosa sino para vivir, y si es en medio de excesos mejor. Entonces asume una actitud de mujer fatal, con toda su autodeterminación y su inconsecuencia autodestructiva.

El filme formal y narrativamente no es muy sobresaliente, apenas si utiliza estos recursos eficazmente en función de la historia que cuenta. Pero en lo que sí hay un acento importante es en la música, que se manifiesta de distintas formas: como una actitud (“el punk no ha muerto” grita la pareja mientras baila con el mismo frenetismo con que vive), como una presencia de fondo con el rock y con la insistencia de un tema de Depeche Mode (I feel you) y por último, con esa agrupación turca que toca con Estambul de fondo haciendo las veces de coro griego que comenta la acción.

Aunque es una película contundente en lo que propone y trasmite, por momentos abandona al espectador. Las razones pueden ser, primero, la dinámica episódica del relato en el que unos pasajes funcionan mejor que otros y segundo, la dificultad que hay para identificarse con los personajes, sobre todo con el de ella. Aún así, entre tantas historias de amor que tiene y tendrá el cine, ésta será difícil de olvidar. 

Publicado el 2 de diciembre de 2005 en el periódico El Mundo de Medellín.

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