Una explosión de tinta y violencia

Por Oswaldo Osorio Image

El cine es cuestión de técnica, lenguaje e ideas. Las películas generalmente ponen el énfasis en alguno(s) de estos tópicos o incluso llegan al punto de casi suprimir otro(s). Lo ideal es que un filme conjugue los tres aspectos y Ciudad del pecado se acerca mucho a hacerlo, porque es una película con una propuesta estética y narrativa fascinante, que fue consecuencia de un manejo técnico ingenioso y, además, algunos de sus personajes consiguen hacer planteamientos éticos serios, aún sobre su extrema violencia.

Con esta película Robert Rodríguez demuestra de nuevo que es posible hacer un cine muy comercial, aunque estilizado, con cierto cariz bizarro y aún así lograr un producto con calidad cinematográfica. Esta vez recurrió al universo del comic por vía de la novela gráfica de Frank Miller, quien aparece como co-director, pero no porque se haya parado tras la cámara a decir “acción” sino porque fue tal la fidelidad de la adaptación que Rodríguez hizo de su obra (imágenes, encuadres, diálogos…) que creyó necesario compartir la autoría del filme.

Así que el referente de esta película no es tanto la realidad o la vida sino el mundo del comic y del propio cine, porque el mismo Miller partió del cine, y en especial del cine negro, para crear el universo de su obra. Así que no es un filme que le deba todo al comic, como parece inicialmente, sino que está recobrando los referentes del cine, aunque ya intervenidos por el comic, y en buena medida es en este proceso que radica lo atractivo de la propuesta de esta película, que se traduce en una perfecta simbiosis entre cine y comic, el séptimo y el noveno arte.

Toda la cinta parece una explosión de tinta con sus imágenes fotografiadas en un blanco y negro de alto contraste y condimentada con algunos piquetes de color que enfatizan su estilización, una estilización que parte desde la misma fisonomía y caracterización de los personajes que habitan un universo de comic, cine negro y violencia. Es por esa estilización, y porque sus referentes están afincados en el arte, que la extrema violencia adquiere otra connotación, ya no con su carga inmoral y arbitraria, sino que resulta una violencia justificada por la estética y la lógica argumental del filme.

Pero los referentes del comic y el cine negro no se quedan sólo en la estética de la película, sino que tanto las tres historias que la componen como el relato mismo, están hechos de esa misma madera, es decir, partiendo de sus modelos estilísticos pero sin caer en esquematismos molestos: Los personajes que narran sus vidas, las frases hechas, las apologías de antihéroes, todo está planteado en la medida justa propuesta por la misma lógica de la película.

En principio sólo parece un filme que privilegia ese lenguaje estilizado y la técnica con la que lo consiguió (alto contraste, solarizados, rotoscopio, puesta en escena digital), pero de fondo, como en todas las historias del cine negro, hay un trasfondo moral, en especial en la historia de The yellow bastard, donde Bruce Willys lucha contra la encarnación del mal a fuerza de una moral férrea y sacrificada; y también en la historia de The big fat kill, en la que un magnífico Mickey Rourke calza a la perfección el cuerpazo del gran Marv y libra, a su sicótica manera, una guerra contra la corrupción.

En este caso no se trata de otra película más basada en un comic, para ser exactos, es la primera basada en una novela ilustrada, que es muy distinto, y la diferencia se evidencia en la solidez con la que está construido ese universo hecho de cine negro y comic, en la complejidad de algunos de sus personajes y en la audacia y originalidad de sus historias.

Ficha técnica

Sin City
2005 - USA - 126 min.
Dirección y guión: Robert Rodríguez, Frank
Fotografía: Robert Rodríguez
Música: John Debney, Graeme Revell, Robert Rodríguez.
Reparto: Mickey Rourke, Bruce Willys, Benicio del Toro, Clive Owen, Jessica Alba, Rosario Dawson.

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