Relato, documento y denuncia

Por Oswaldo Osorio Image

Tanto el cine iraní como Afganistán están de moda. El uno por la aparición en escena de directores como los hermanos Kiarostami o Majid Majidi y el otro por razones que la CNN nos recuerda las 24 horas del día. Aunque toda moda es sospechosa, a veces es la única manera de que ciertos temas o productos lleguen a ser conocidos en circuitos de discusión y exhibición más amplios.

Esta historia de una mujer afgana que quiere entrar clandestinamente a su país para buscar a su hermana, si bien ha podido llegar a nosotros por el oportunismo del mercado, está llena de cualidades y creada a partir de elementos que inducen a una reflexión y análisis que van más allá de su anécdota. Aunque también es cierto que algunos de estos elementos siguen siendo como para no fiarse del todo.

La película es una mezcla entre relato, documento y denuncia. El relato es ese viaje de la mujer que busca a su hermana, pero ésa sólo es la excusa para lo que evidentemente es el verdadero objetivo del filme: denunciar la difícil situación política y social de Afganistán partiendo de los atropellos cometidos contra la mujer.

Entre relato y denuncia el filme no oculta su vocación documental con el paisaje y la cultura del pueblo afgano (el de la frontera con Irán). Aunque a veces peca por preciosista, esta vocación documental es tal vez lo más valioso y atractivo del filme, pues se antoja más honesta e impactante que los otros textos o imágenes que tan claramente quieren apelar a la indignación del espectador.

Es en estas intenciones para con el espectador que el trabajo del iraní Mohsen Makhmalbaf no convence del todo. Su enfático deseo de denunciar y mostrar sólo problemas se asemeja mucho a la saña con que Bush ataca a los Talibán. Cuando Godard decía que un travelling era cuestión de moral, se refería a que en el cine las decisiones estéticas también son éticas, y cuando en la carrera de los hombres en muletas el director decide usar cierta música y esa odiosa cámara lenta, descubrimos que, más que las imágenes y las ideas, le importa el efectismo, los golpes bajos y lograr el político objetivo de su filme.

Muchos lectores me reclaman que casi nunca concluyo que una película es buena o mala, pero es que sólo unas pocas cintas admiten ese juicio reduccionista. Ésta, por ejemplo, es impactante, reveladora y con importantes virtudes, pero también es efectista y a veces malintencionada. Aunque por su tema y nacionalidad, no importa si es buena o mala, sino que es necesario verla.

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