La hora extra del último día de vida

Por Oswaldo Osorio Image

Ésta es la historia del último día de vida de un hombre condenado a muerte por siete años. Porque ese tiempo que le espera de condena por narcotráfico, para él, su familia y amigos, significa casi la muerte; y tanto su actitud durante ese último día, como el tono apesadumbrado que Spike Lee eligió para su relato, son consecuentes con el sentimiento de pérdida y duelo propio de la víspera del condenado.

Pero aunque la película es sobre ese último día, trata también sobre muchos otros, porque el relato, en busca de un logrado sentido del ritmo y de las ventajas de la narración no lineal, va saltando constantemente de ese sombrío día a otros del pasado, los cuales van armando el rompecabezas de la vida y relaciones de Monty, el desahuciado anti-héroe de esta historia, interpretado por un Edward Norton que insiste en darnos cada vez registros tan distintos como convincentes.

Las tribulaciones del anti-héroe

El principal interés del relato es recrear y transmitir ese sentimiento de pesadumbre y muda desesperación de Monty por su futuro próximo. La forma certera y casi conmovedora con que logra esto es la principal virtud del filme. Desde la primera escena, cuando Monty salva a un perro, es evidente la intensión del director por crear en el espectador simpatía hacia este personaje. Por eso es tan eficaz el tono melancólico y triste de la historia y el efecto que consigue en el espectador. Porque además del desasosiego, Monty se ve abocado a revaluar su vida y sus actos, lo cual lo conduce a la duda, a la vulnerabilidad y hasta a la expiación.

De fondo, a partir del insistente recurso del flahsback, complementa (aunque no necesariamente refuerza) esta idea esencial con la descripción del universo en que se mueve el personaje y los antecedentes de su tragedia. Más de fondo todavía, aunque sin pasar desapercibido, porque además resulta consecuente con el tono de la historia, están las heridas físicas y emocionales sufridas por Nueva York el 11 de septiembre. Y no es extraño que sea Spike Lee, uno de los directores que más presente ha tenido a esta ciudad como tema y escenario de buena parte de su obra, quien haya sido el primero en el circuito de los grandes estudios que se refiera de forma directa a esta ya tristemente célebre tragedia.

Tuercas flojas y gratuitas

Pero no todo es virtud y solidez en La hora 25 (The 25Th hour, 2002), pues está llena de tuercas flojas que no se muestran bien cohesionadas con toda la historia, o mejor, con el personaje central que es quien lo articula todo. La mayoría de personajes, por ejemplo, se antojan desdibujados y esquemáticos, así como los conflictos secundarios que protagonizan, que carecen de fuerza y solidez en relación con todo el relato y con la complejidad del personaje de Monty.

La sub-trama de la estudiante y ese soliloquio de “todo-lo-odio-en-Nueva-York” que hace Monty ante el espejo, son algunas de las varias cosas que en esta película resultan gratuitas y mal emparentadas con el filme. Más parecen ecos de esas películas que han caracterizado la obra de Spike Lee y con las que es más contundente, como Haz lo correcto, Fiebre de selva o Malcolm X. Ya con S.O.S Verano infernal, había ensayado contar una historia fuera de sus “dominios” y los resultados también fueron irregulares.

De todas formas, estamos ante una película valiosa de un director que siempre tiene algo serio y fuerte qué decir, no sólo a través de sus historias y personajes sino de unas imágenes y unos recursos técnicos (de cámara y montaje especialmente), que también lo dotan de una originalidad y eficacia que hacen que su cine sea siempre atractivo y diferente.

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