Amor, sexo y fantasías

Por Oswaldo Osorio Image

La antítesis del cine de Hollywood siempre ha sido el cine europeo. No todo, claro, pero en general lo mejor del cine del viejo continente nada tiene que ver con las fórmulas, esquemas y estereotipos de que están hechos casi todos los filmes de la Meca del cine. Esta película francesa es una prueba de ello: una historia contada con simpleza pero con complejas implicaciones, la acción que no sólo significa movimiento, hay personajes y no arquetipos, no le teme a los diálogos extensos y no necesita de un argumento convencional y definido para mantener el interés en el relato.

Su historia es sobre una pareja que se conoce a través de una revista con el fin de satisfacer una fantasía. Casi toda la película transcurre en el café en que se citan antes de entrar al hotel y nunca sabemos nombres, profesión, gustos personales o esas cosas con que normalmente los guionistas construyen sus personajes y las personas se conocen unas a otras. Se trata, como la define su título original, de una “relación pornográfica”, al menos en principio.

En esta película nada hay explicado explícita o torpemente, sino que siempre hay insinuación, hay indicios que hablan de los personajes y la relación que tienen y que conducen al espectador a la misma ambigüedad e incertidumbre presentes en la relación de dos personas que apenas se están conociendo. Pero para no caer tampoco en la confusión, el director recurre al recurso de la entrevista (de un periodista o un sicoanalista, da igual), tanto para que sirva de hilo conductor de la narración como para ofrecer las dos versiones de la relación. La tercera corre por nuestra cuenta.

Aunque el tema central parece ser el sexo, al espectador le ocurre lo mismo que a los protagonistas, que lo que empezó sólo como una fantasía y luego siguió con el sexo, terminó en el amor, con todas sus implicaciones, emociones e incertidumbres. Al entrar esa otra dimensión, entonces, la relación se hace más singular todavía, pero sobre todo más intensa, pues ahora hay pasión y sentimientos casi sublimes, pero también aparecen el temor y la vacilación.

La simpleza de este filme contrasta con lo hondo que alcanza a llegar en el tratamiento y signifización de sus temas, sin necesidad de recurrir a esquemas o efectismos, porque, al contrario del cine de Hollywood, el suspenso está en las palabras, la acción en los gestos, el sexo en las miradas y el final feliz en la certeza de haber visto una muy buena película.

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