Los recuerdos de un pez y la película cangrejo

Por Oswaldo Osorio Image

Lenny, el protagonista de esta película, se encuentra en las antípodas de Funes el memorioso, aquel inolvidable personaje de Borges, y se parece más a aquella viejita del chiste que toca madera negando su Alzheimer y luego pregunta, mirando hacia la puerta, que quién es. La incapacidad de crear nuevos recuerdos es el principal conflicto de este personaje, ése es el mayor obstáculo que esta historia le impone para lograr su objetivo. Para el espectador, el obstáculo corre por cuenta de la narración, concebida de atrás para adelante, como una foto instantánea en la que, en lugar de ir apareciendo la imagen que acaba de captar la cámara, va desapareciendo.

Si al padecimiento de este singular tipo de amnesia le sumamos la determinación de Lenny por encontrar al asesino de su esposa y causante de su trauma, tenemos ya un planteamiento argumental y dramático lleno de posibilidades, las mismas que el director inglés Christopher Nolan supo muy bien aprovechar. Pero aunque se trata de un planteamiento muy original, no es del todo inédito. Ya se sabe que en cuestión de argumentos casi todo está inventado (en situaciones dramáticas absolutamente todo). Nolan acepta que al escribir esta película su influencia directa fue la obra Betrayal, de Harold Pinter, que ya fuera llevada al cine hace veinte años por el director David Jones. De la misma forma, el filme Clean slate (Mick Jackson, 1995) nos cuenta la historia de un gracioso detective que cada mañana se despierta con una grabadora amarrada a su mano (¿Por qué nunca se le ocurrió esto a Lenny?), en la que tiene registrado todo lo que hizo el día anterior y la situación en que se encuentra el caso en que trabaja.

Un dato entre inútil y desquiciado dice que la memoria de los peces dura tres segundos. La memoria de Lenny dura un poco más, pero sólo un poco, no lo suficiente como para estar exento de ser manipulado por quienes conocen su debilidad. Esta manipulación es la que agudiza su conflicto, la que aporta los elementos de intriga a su historia, porque la incertidumbre acerca de en quién debe confiar y en quién no, es una constante que acentúa su drama paranoico como personaje y el carácter de thriller de este filme. Porque se trata de un thriller, y en eso es en lo que se diferencia de Betrayal y de Clean slate, y este elemento diferencial es lo que potencia la idea del hombre sin memoria que debe resolver un crimen.

Héroe, villano y víctima

Al drama por el que pasa este (en un futuro) célebre desmemoriado y a los elementos de intriga, engaño y violencia propios del thriller, se le suma un factor desquiciante que hace dudar al protagonista sobre su propia identidad y al espectador sobre la verdadera naturaleza, intenciones y sicología de él como personaje. Este factor es esa paradoja que gobierna y al mismo tiempo desequilibra la vida de Lenny: está plenamente consciente de su problema y sus posibles funestas consecuencias pero, justo por su problema, hace cosas que por principio nunca haría, como tomar una cerveza “preparada” con fluidos corporales, golpear a una mujer que había sido su aliada o asesinar al hombre equivocado.

Por eso Lenny no es héroe ni villano, sino que es la víctima, sólo que sucesivamente se puede tornar en uno u otro, de acuerdo con los vaivenes de su memoria y con las manipulaciones de los otros personajes y de ese confuso e inconsistente sistema de pistas en el que él cree ver el método seguro para encontrar al culpable de todas sus desgracias. Ese triple carácter de héroe, villano y víctima es lo que dimensiona a este personaje, lo que lo hace tan complejo e impredecible como la historia y el relato mismos, también lo que permite el lucimiento del actor Guy Pierce, quien demuestra de nuevo su versatilidad, ahora no de una película a otra como lo había hecho antes (en una se le vio como drag queen australiana y en otra como un sagaz detective de Los Ángeles), sino dentro del mismo filme, cambiando de registro entre secuencia y secuencia de acuerdo con las distintas emociones por las que pasa y con el carácter de héroe, villano o víctima que eventualmente asuma su personaje.

Pero independientemente del carácter que asuma, hay una característica en él que domina su comportamiento: la racionalidad. Lenny siempre está pensando, conjeturando y calculando, al punto de rayar con el cinismo y la frialdad. Aunque también se muestra demasiado ingenuo al contarle a todos su problema, sin darse cuenta de que lo que hace es revelar su talón de Aquiles. Claro que la historia no funcionaría sin este detalle, porque la forma como los demás manipulan esta debilidad es una de las claves del filme. El caso es que esa racionalidad es la que le permite crear un método para solucionar, aunque sea parcialmente, su problema: establecer una rutina que haga las veces de memoria y apoyarse en fotografías y notas que escribe en el papel de su cuerpo y en otros soportes menos indelebles. Pero es precisamente su fe en este método producto de su racionalidad, falible y lleno de fisuras, lo que hace de él y de sus actos un caos de equívocos y confusiones, de tergiversaciones y malas lecturas con consecuencias fatales. Lenny no se fía de su memoria, pero sí de los hechos, sólo que éstos están consignados por escrito, aunque no sabe por qué los escribió, qué o quién se los dictó y con qué intenciones.

Así mismo, es su racionalidad la que corrige e inventa, justamente para no perder la razón, ciertas partes de su pasado, como ese personaje con su mismo padecimiento (Sammy) o las verdaderas causas de la muerte de su esposa. También es su racionalidad la que al final se pregunta “¿Puedo permitirme olvidar lo que él –Jimmy- me dijo?” En esa línea está toda la explicación del personaje de Lenny y lo que sucede en la historia (aunque lo veamos sólo al final). En ese momento es consciente de una elección decisiva: ¿Seguir teniendo como motivo, como razón de vivir, la venganza o quedar sumido en ese limbo de viejos recuerdos como Sammy? Ahí es donde aflora la personalidad que sobrevive a su padecimiento, ahí es donde se nos muestra como debió ser siempre antes de su trauma: mezquino, cínico, racional y práctico.

Dos relatos en contravía

El carácter inusual, original y complejo tanto de esta historia como de su personaje es enfatizado por la manera en que el director concibió el relato. Esa primera y sugestiva secuencia, en la que todo va de atrás para adelante, es la que marca la pauta de la estructura narrativa que seguirá el filme. Entonces lo primero que vemos en la película es lo último que pasa en la historia y viceversa. Esta parte está filmada en color y en ella vemos todo lo que se refiere a los personajes, las acciones y la intriga. Paralelamente, e intercalada con las secuencias que cuentan la historia en reversa, vemos una larga secuencia en blanco y negro en la que Lenny, conversando con alguien por teléfono, nos da los antecedentes de su historia y suministra todos los detalles necesarios para que la otra parte del relato vaya tomando forma. Así que la complejidad de la estructura narrativa propuesta por Nolan reside en que el relato en blanco y negro parte del punto A hacia adelante, alternado con el relato en color que parte del punto C hacia atrás, y se encuentran en el punto B, justo en el clímax, y la resolución es el final del relato en color, que es a su vez el principio de la historia.

Esta complejidad por momentos sucumbe a la arrogancia de su virtuosismo y a veces se puede antojar repetitiva en su desarrollo y demasiado exigente con la atención y concentración del espectador. Pero en esencia se trata de un soberbio ejercicio de estilo, elaborado cerebralmente y con precisión matemática, un filme en el que las ideas, los personajes y el ambiente propios del thriller y el cine negro puestos en juego, tienen igual protagonismo que el discurso y la forma en que ha sido concebido. En él la relación causas-consecuencas se trastoca. El espectador en este relato se explica las situaciones, no tanto de acuerdo a lo sucedido anteriormente, porque son las causas las que ganan otra dimensión, pues cuando ve una situación, ya conoce las reacciones y consecuencias que ha causado.

Jean-Luc Godard dijo que toda película debe tener planteamiento, desarrollo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden. Christopher Nolan no sólo cambió el orden, sino que le dio uno a la historia y otro al relato, consiguiendo así una película audaz y original, en la que los recursos del cine, especialmente el montaje y la estructura narrativa, no son un simple vehículo para contar una anécdota, sino que son en sí mismos expresión de creatividad artística (técnica también) y, además, complementan y acentúan el efecto los temas, ideas y emociones propuestos por la historia.

Busca en nuestro sitio

RECIBA EN SU CORREO LA CRÍTICA DE LA SEMANA