El último de la fila

Por Oswaldo Osorio Image

Aunque el cine cubano cada vez se hunde más ante la sombra implacable del embargo, este director con cada película se empeña en sacarlo a flote. A Juan Carlos Tabío lo conocimos codirigiendo con Tomás Gutiérrez Alea la celebrada Fresa y Chocolate, un filme que emparentó al pasado y al futuro del cine de la revolución, pues Alea fue su primer gran director y Tabio es el último. El cine de ambos tiene mucho en común: originalidad en sus historias, ingenio en su tratamiento, el humor picaresco para decir cosas muy serias y compromiso con la revolución, no sólo para apoyarla sino también para criticarla veladamente y reflexionar sobre ella.

En esta película Tabío concentra a toda Cuba en una estación de buses. El grupo de personas que espera a que reparen el único bus de la estación, representa al pueblo cubano y sus problemas, también su espíritu caribeño y el ideal de la revolución. Se trata de una pieza coral en la que un grupo de personajes interactúan en un espacio escénico reducido, lo cual permite que su historia, concebida en clave de comedia, tenga una dinámica y una intensidad muy bien logradas, con ritmo, imaginativos diálogos y gags (chistes visuales) y una significativa evolución en la relación entre personajes.

Como en su anterior filme, El elefante y la bicicleta, Tabío confronta aquí dos realidades, una real y otra imaginada (o soñada), para plantear alegóricamente sus ideas, las cuales giran en torno a un pueblo que se debate entre la solidaridad que el régimen le ha inculcado y el egoísmo que deviene de la necesidad y la precariedad material en que ha caído. Este juego con dos realidades y el tono de comedia empleado, le permiten insinuar y plantear cosas sobre el régimen y el sistema que de otra forma sucumbirían ante la censura.

Sin embargo, a la soterrada crítica al sistema y a la descripción entre chistes y risas de la dura realidad social cubana, Juan Carlos Tabío sobrepone un henchido optimismo por el espíritu de fraternidad y solidaridad de la revolución, porque de fondo se trata de una fábula que endulza los oídos de los cubanos y les propone que trabajen por su país. De ahí que resulte tan ingeniosamente solapado con sus críticas, como con el mensaje de propaganda a favor del régimen. Por eso el valor de esta película radica en que es un cine comprometido con su realidad, ingenioso diciendo lo que quiere decir sobre ella y entretenido en la forma como lo hace.

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