El hombre que lo empezó todo

Por Oswaldo Osorio Image

Hace poco la película Traffic, con una mirada seria y desde sus puntos de vista más importantes, nos ponía al día sobre la problemática del tráfico de drogas en y hacia Estados Unidos. Esta película de Ted Demme, por su parte, nos cuenta la primera parte de la historia, cuando George Jung inició, en la década del setenta, ese lucrativo negocio que ahora es considerado como uno de los grandes males de nuestro tiempo.

La diferencia entre los dos filmes es que a Blow no le interesa reflexionar o hacer juicios de valor sobre el problema de la droga, porque nos habla de un tiempo en que la droga no era el  problema de las proporciones actuales y, sobre todo,  porque se concentra en la historia de ascenso y caída de Goerge Jung. Por eso lo que vemos es una crónica de vida, muy bien contada por cierto, y de paso también la crónica de una época y de ese proceso inicial del narcotráfico.

Jung fue un norteamericano medio, normal y corriente, pero que le dio por inventar el oficio de narcotraficante, principalmente porque le gustaba el dinero fácil. Si bien de acuerdo con la ley éste es un oficio censurable, desde el punto de vista humano, que es en el que hace énfasis la película, su conducta era casi irreprochable. El personaje de Gorge Jung, interpretado por un Johnny Depp que cada vez convence más, agrada como persona, no sólo por la tendencia que tenemos a identificarnos siempre con el narrador, sino porque es inevitable reconocer nobleza en su naturaleza. Se le puede ver como uno más que empezó buscando el “sueño americano” y que terminó víctima de sus propias circunstancias.

Aunque también es cierto que el único reparo que se le puede hacer a este filme, es esa unilateralidad del punto de vista, esa versión única que vemos de toda la historia, y que si bien es lo que hace sólido y fluido el relato, también es lo que hace sospechar de la total veracidad de unos hechos que desde el principio nos dicen que son reales.

Por lo demás, tenemos una historia contada con habilidad narrativa y una gran eficacia visual para recrear atmósferas y personajes, una película dinámica en su construcción y atractiva en la concepción de su protagonista, aunque también se muestra un poco condescendiente con él y con el tono de fábula amarga que elige. Pero en definitiva, es una película que tiene valor anecdótico, valor en su acercamiento humano a los personajes y valor como cine, es decir, como historia contada con imágenes.

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