¿Cuál es el sexo débil?

Por Oswaldo Osorio Image

De nuevo Robert Altman sorprende y encanta con una historia muy singular, un filme divertido y agudo al mismo tiempo, que rápidamente contradice las engañosas apariencias, pues su cine nunca es sólo lo que parece, porque en el tratamiento de sus historias y temas siempre hay un velado mensaje, con el disfraz de lo trivial y cotidiano, pero forjado con la sátira sutil, el estudio antropológico y los apuntes inteligentes.

Por eso esta película, que parece otra comedia romántica más, resulta ser una versátil comedia de situaciones que le coquetea al humor negro; así mismo, su argumento parece ser la historia de un ginecólogo y su relación con su mundo femenino (trabajo, familia, relaciones amorosas), pero en realidad él sólo es una excusa para hablarnos de las mujeres que lo rodean. Con la complicidad de Anne Rapp, su guionista, Altman hace un amplio fresco, cargado sarcasmo e ingenio, tanto visual como sicológico, de cierto tipo de mujeres, que van desde la hiperactiva lealtad de la asistente del Dr. T, pasando por la autosuficiencia y pragmatismo de su amante, hasta toda esa fauna divertida, banal y extravagante de sus pacientes y familiares.

Por otra falsa apariencia de este filme, no faltará quién vea una mirada dura y despectiva hacia la naturaleza femenina, pero en él se evidencia, por un lado, más el interés documental y antropológico que el prejuicio misógino, y por otro, que son justamente las mujeres las que salen mejor libradas, pues en última instancia su fragilidad y superficialidad (de las que son conscientes) no importan mucho porque a la postre casi todas ellas, por su firmeza e integridad, consiguen lo que quieren. El Dr. T, en cambio, cree que todo lo controla y a todas las protege, pero en realidad es el más vulnerable, el que no sabe nada de ellas y el que se sobrestima con su proteccionismo inútil o nocivo hacia las mujeres.

A la manera de otros filmes de este director, como Juegos de Hollywood o Pret-A-Porte, El Dr. T y sus mujeres está construido sin una trama muy definida y con un argumento apenas delineado, porque lo que a Robert Altman le interesa es la creación de situaciones y de atmósferas, emocionales y sociales, guiado por una lógica que trasciende la simple anécdota y la narración clásica. Por eso es una película que le exige al espectador que piense para descifrar esta lógica y que ponga atención para leer entre líneas todo eso que ocultan las apariencias, como su ambiguo final, por ejemplo, que puede ser metafórico o extravagante o simbólico, que cada quién escoja.

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