Del cine, la vejez y la muerte

Oswaldo Osorio

Las comedias negras siempre se agradecen, sobre todo en estos tiempos de corrección política en el cine comercial, porque sí, este director argentino, con todo su oficio y talento, en sus últimas películas (El secreto de sus ojos, Metegol) ha buscado el beneplácito del público, aunque sin hacer grandes concesiones, al contrario, ha logrado piezas con un buen equilibrio entre el cine de entretenimiento y un cine con muchas virtudes cinematográficas. Y no es que esto sea incompatible, pero sí suele ser difícil de conciliar.

Una vieja y olvidada diva del cine vive en una derruida casona junto con su esposo (que era actor), y el director y guionista de sus películas. La primera media hora es un fascinante despliegue de diálogos agudos e ingeniosos y un humor tan negro como inteligente. La presentación de los personajes, con sus tirantes relaciones definidas por su fascinante y tortuoso pasado, es desarrollada a la par con el barroco espacio en que habitan, un énfasis necesario porque el conflicto central tendrá que ver con esa gran casona olvidada en los reflectores y decorados de los años cincuenta y sesenta.

Cuando dos ejecutivos de una empresa de bienes raíces entran a escena, se activa un doble conflicto: el contrapunto entre la juventud y la vejez, de un lado, y la posibilidad de que ese cuarteto de gente del cine pierda la casa y se desintegre, del otro.  Entonces la comedia negra va perdiendo brillo y protagonismo para darle paso a un thriller que, si bien no se olvida del todo del humor, aplica las fórmulas del género, lo cual empieza a hacer un poco predecible el futuro de toda esta comparsa.

Entre uno y otro esquema, la comedia negra y el thriller, la película propone permanentes referencias sobre el universo del cine, ya en tono de nostalgia, ya en clave de burla. Incluso los mejores momentos son cuando se comenta a sí misma y se auto parodia, como cuando anuncia la aparición de su propio conflicto, cuando se menciona lo oportuno de un trueno en medio del drama, o en la escena en que introduce una actuación dentro de la actuación, haciendo de esto un recurso tanto para el humor como para el suspenso.  

Se trata de una película muy entretenida, contada por un buen narrador de historias y con una espléndida fuerza y expresividad visual, la cual empieza por ese escenario de excepción que le permite todo tipo de juegos con la composición, los colores, las texturas y los desenfoques. Pero también es una reflexión con la imagen sobre el paso del tiempo y la caducidad de las personas y las cosas, definidas por el desgaste, lo marchito y hasta la decadencia.

Publicado el 16 de julio de 2019 en el periódico El Colombiano de Medellín.

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