Contra la censura y el totalitarismo

Por Oswaldo Osorio Image

Ésta no es otra película acerca de un homosexual que muere de SIDA. Se trata de una historia sobre el humanismo de un hombre, sobre su sensibilidad de artista y sobre la adversidad que para él significó el momento histórico que le tocó vivir. Este hombre es Reinaldo Arenas, uno de los escritores cubanos más importantes de las últimas décadas. El pintor norteamericano Julian Schnabel, quien inició su carrera como director con “Basquiat” (1996), la biografía de otro marginal de las artes, demostró nuevamente con este segundo filme su capacidad para desentrañar esa compleja dualidad hombre-artista.

Pero “Antes que anochezca” (Before night falls, 2000) dista mucho de ser una película perfecta. Además de un espantoso doblaje, que le resta mucha fuerza al trabajo que originalmente hicieron los actores, se le suma una factura descuidada: en la fotografía, en el montaje y hasta en la puesta en escena. Incluso el guión se antoja un poco torpe y disperso, a pesar de estar basado en una novela del mismo Arenas.

Sin embargo, estas deficiencias formales no importan tanto, para eso está Hollywood, para hacer películas perfectas y relucientes (y casi siempre vacías), porque la historia de Reinaldo Arenas necesitaba, más que un diestro cinematografista, un “autor” con la sensibilidad suficiente para acercarse a su vida y a la naturaleza de sus textos. Por eso en esta película los lugares comunes no existen, ni sobre el tema ni sobre el tipo de personaje, y mucho menos se rebaja a ser un panfleto anticastrista. Es una película contra los totalitarismos y contra la censura, como dijo el mismo Schnadel. Ésa es la idea que más clara queda de todo el filme, y la trasmitió limpiamente con imágenes, con la recreación de atmósferas y con la construcción eficaz de su personaje principal.

La eficacia de este personaje, en buena medida, se debe a la interpretación del actor español Javier Bardem. Toda la fuerza dramática de la película recae en él y es capaz de darle vida a Reinaldo Arenas una década después de su muerte (además el parecido físico es mucho) y de trasmitir toda su humanidad, su dolor y su sensibilidad de escritor. No importa que la película sea algo “fea” y que hasta se nos haga un poco larga, porque en última instancia somos recompensados con buen cine, en su concepción y tratamiento, y con un testimonio de vida que conmueve por su dureza y por la fortaleza y dignidad de este personaje.

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