Poder femenino

Oswaldo Osorio

El cine sobre la historia de las monarquías europeas, centrado en las intrigas palaciegas y las luchas de poder, puede ser harto reiterativo y predecible luego de la interminable lista de películas que se han hecho al respecto. Y ni se diga si el espectador, por sus conocimientos generales de historia, ya sabe de qué va su argumento. Es por eso que cada película de este tipo debe proponer un valor agregado que la diferencie de tantos y tantos títulos con las mismas dinámicas. Esta película, efectivamente, de cierta forma lo propone.

La historia es la de María Estuardo, quien fuera reina de Escocia a mediados del siglo XVI. Primero lo fue brevemente de Francia y, tras la muerte de su esposo, regresó a su país, no solo a regirlo, sino a reclamar la corona de Inglaterra, que posaba sobre la cabeza nada menos que de la reina más célebre de la historia, Isabel I, la Reina virgen, de quien se han hecho todavía más películas. Esas son las dos reinas del título en español, aunque en el original es solo María, Reina de Escocia.   

Desde el mismo libro en que se basa, Maria Estuardo: La Reina martir, de John Guy, ya este relato plantea una lectura diferente de este personaje. La equipara en su carácter y determinación con esas versiones cinematográficas que ya hay de su prima Isabel I. De manera que, ciertamente, el grueso del relato está compuesto por lo que siempre presenta este tipo de cine: disputas por un trono, traiciones entre cortesanos, asesinatos con móviles políticos, conspiraciones, sangrientas batallas, fastuosos vestuarios, grandilocuentes paisajes y portentosos castillos.

Sin embargo, su esencia se centra en la personalidad de esta mujer y, en menor medida, en la de su contrincante política. Es decir, se trata de un relato revisionista, donde no solo la imagen de María de Escocia es redefinida en relación con la tradicional forma en que la ha visto la historia, sino que también, soslayadamente, asume una actitud de empoderamiento femenino que no puede ser casualidad en estos tiempos.

Así que, en principio, se puede ver a una mujer, aunque joven, llena de determinación y valentía, tanto para regir a su país y reclamar la corona inglesa como para enfrentar a los hombres y desafiar su inveterado dominio sobre la política y las mujeres. Y de otro lado, está el énfasis que hace el punto de vista del relato en que son dos poderosas naciones gobernadas por dos mujeres. Es por eso que el clímax de la película no podía ser otro que el aplazado y esperado encuentro entre las dos monarcas, en el que si bien domina la tensión por el poder que ambas quieren detentar, también hay un discurso, a veces soterrado y otras explícito, que apela a la solidaridad de género y a la unión femenina contra la eterna opresión de los hombres.

Se trata, pues, de esa película que tantas veces se ha visto, hecha con toda corrección y con lo entretenidas que a cada quien le pueda parecer este tipo de tramas. Pero también es una relectura de género que, sin duda, ofrece otra visión de la historia, sus personajes y el desequilibrio de poder que siempre ha habido entre hombres y mujeres.       

Publicado el 21 de abril de 2019 en el periódico El Colombiano de Medellín.   

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