Ese tufillo indie

Oswaldo Osorio

Todo en esta película resulta demasiado familiar, desde el esquema argumental y emocional de historia sobre la “llegada a la adultez”, pasando por el odioso contexto del high school estadounidense, hasta ese tono de cine independiente que ya también es un esquema definido y reconocible. Aun así, la combinación de estos lugares comunes no necesariamente es tan simplista y tediosa como su enumeración, pues efectivamente es una película que, sin sorprender ni emocionar mucho, termina siendo sólida y consecuente en sus intenciones.

Detrás de ella está la actriz, guionista y directora Greta Gerwig, quien ya daba unos avances de este tono y personajes en las películas que escribió y protagonizó para Noah Bumbach (Frances Ha, Mistress America). De hecho, el personaje parece ser siempre el mismo, con algunas variaciones de edad y circunstancias, un personaje que, sin duda, tiene todos los guiños y gestos autobiográficos posibles. Es por eso que ver el argumento de Lady Bird es como leer la primera parte de la biografía de esta polifacética artista.

Se trata de la historia de una joven en un momento coyuntural de su vida, esto es, sus últimos meses antes de graduarse y su posible paso a la universidad. Es un retrato de lo irritantes que pueden llegar a ser los adolescentes, con toda su desorientación, rebeldía sin sustento y un esnobismo que, en el caso de Lady Bird/Christine, viene acompañado de arribismo. Un perfecto paquete de inmadurez, confusión e insolencia que, aunque se ha visto en otros cientos de personajes, aquí sigue causando un efecto, el cual seguramente los espectadores jóvenes lo asumirán de forma distinta a los adultos.

La diferencia con este personaje y sus situaciones tan recurrentes en el cine la hace el tono del relato, un drama tratado con mayor madurez y donde estos jóvenes tienen ideas y salidas más propias de personas adultas e ingeniosas (léase guionista inteligente que habla por sus personajes) que de los adolescentes tontos y perdidos que en general son.   

Mucho más coherente e interesante es la tensión permanente que hay entre la protagonista y su madre. En ese aspecto el relato se muestra visceral y honesto, siendo el conflicto que mejor se sostiene de principio a fin, reforzando y soportando el conflicto de la desorientación y rebeldía adolescente. Es una relación de amor y odio que dimensiona a los personajes, empezando por la protagonista, quien en su entorno escolar corría el riesgo de ser solo un arquetipo de esos que se pasean por los corredores de high schools de película gringa.

Sin alcanzar a ser una película tediosa o torpe, tampoco dice nada nuevo, ni en su tema ni en la clave en que está plateado su relato, esto es, el drama adolescente en su transición a la adultez y esa pose de cine independiente definido muy bien en sus componentes: un drama cotidiano sin grandes giros o situaciones extraordinarias, toques de humor ingenioso y diálogos intelectualoides, más cercanos a la voz de la guionista que a la naturaleza de sus personajes.

Publicado el 18 de febrero de 2018 en el periódico El Colombiano de Medellín. 

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