Verano del 83

Oswaldo Osorio

Las historias sobre el primer amor suelen ser románticas y apasionadas, protagonizadas por jóvenes que descubren el mundo y la sexualidad. Son historias idílicas, aunque no exentas de dramatismo o adversidades. Y si bien esta película tiene todos esos elementos, no es necesariamente un relato como cualquier otro, pues está planteada de forma inteligente y sofisticada, así como narrada sin las prisas ni los arrebatos que también suele propiciar este tipo de historias.

En una casa de campo, en el norte de Italia, Elio, un joven de 17 años, pasa el verano con sus padres, una pareja de académicos. Él mismo ocupa su tiempo leyendo y tocando el piano. Hasta que llega Oliver, un asistente de investigación del padre que se acopla fácilmente a la cotidianidad veraniega de esta familia. Durante al menos la mitad  de sus más de dos horas de duración, el relato solo da cuenta de esa dinámica de desenfado vacacional del joven y sus allegados, sin atisbo de conflictos o grandes puntos de giro.

Cuando el relato ya nos tiene bien instalados en el sopor y tranquilidad de aquel verano, donde solo hay cenas y paseos y agradables conversaciones, entre banales e intelectuales, la conexión entre Elio y Oliver empieza a convertirse en una atracción. Entonces la historia se transforma y sube la temperatura emocional con la fiebre juvenil del enamoramiento, pero en ningún momento hay gesto alguno de hacer un énfasis o diferencia por tratarse de un amor homosexual. En este sentido la película conserva la sobriedad y delicadeza que ha tenido desde el principio.

Aun así, el romance y apasionamiento asumen el tono del relato y se despliega una historia de amor que es diferente de acuerdo con cada uno de los amantes. Y es que es en ese contraste entre el hombre y el adolescente, en su forma de percibir y asumir esa relación, donde la historia despliega sus matices emocionales, incluso intelectuales, porque ese es el contexto de esta familia y esta relación, por eso todo es mirado con una madurez y naturalidad que tal vez solo es posible justificarlo por la formación académica y cultural de los personajes.

Es una película sobre el despertar sexual y la pérdida de la inocencia, pero contada en clave de adulta disertación, aunque sin hacerse pesada o pedante, en su lugar, se trata de un sosegado cuento donde un amor de verano trasciende su habitual fugacidad y ligereza, entonces más bien se puede ver como un episodio transformador en la vida de un joven sensible e inteligente, un episodio que le cambió la vida y su perspectiva de las relaciones afectivas, como debería ser todo primer amor.

 

Publicado el 28 de enero de 2018 en el periódico El Colombiano de Medellín. 

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