De la comedia seria o el drama cómico

Oswaldo Osorio

Para hablar de esta película, lo primero que habría que hacer sería cuestionar si realmente se trata de una comedia romántica, como muchos la están clasificando. Y es que, la verdad, parece más un drama que es protagonizado por un comediante y donde se cuenta una historia de amor, lo cual es muy diferente. Porque definir el género cinematográfico de una película puede determinar la intención que esta tiene y en qué medida logra de forma afortunada sus objetivos.

Si bien el relato empieza con el punto de partida básico de toda comedia romántica, esto es, “chico conoce chica”, su desarrollo no tiene tanto que ver con la batalla de los sexos y los enredos porque uno de los dos, o ambos, ocultan algo, que es la lógica de este incombustible género; sino que su desarrollo va por vía de dos grandes conflictos del todo contrarios al humor y al romance: una grave enfermedad y la imposibilidad de una unión por cuenta de las diferencias culturales.

El componente humorístico se da por el comediante paquistaní Kumail Nanjiani, quien la protagoniza y la coescribió con su novia Emily, justo la pareja de la que habla esta historia. Por eso el humor se presenta de manera tangencial y eventual, ya sea en el escenario de los comediantes o en los momentos en que el humor natural de su protagonista se filtra en la cotidianidad de quienes lo rodean. Un humor “serio”, ingenioso y cáustico. Por lo demás, drama, drama, drama.

¿Porque qué más dramático que un paquistaní sea expulsado de su familia por amar a una mujer que no es de su cultura? Se trata, entonces, de escoger entre la familia y el amor verdadero. ¿O qué tal una rara y grave enfermedad que ponga en vilo a los padres y al novio de una joven mujer? Es la amenaza de la muerte del ser más importante en la vida de ellos, con todas las consecuencias emocionales que esto conlleva.

Ambos conflictos permiten hacer amplias reflexiones, más que sobre el amor, sobre el concepto de familia, tanto desde el punto de vista paquistaní como estadounidense. El radicalismo de las costumbres de aquella cultura del medio oriente pone a prueba la condición del “mestizo” y la mirada del otro ante lo que parece una tradición sin sentido que pierde todo su fundamento cuando se quiere aplicar en Occidente. Mientras que la enfermedad une a la familia y saca lo mejor de ella.

Sin ser una comedia romántica, entonces, esta película juega con ese doble y aparentemente contradictorio componente: el peso del drama con su doble conflicto y el humor que despliega en sus intersticios. Es una apuesta audaz que solo por momentos no funciona, en especial cuando uno parece estar acomodándose al ambiente cómico, pero se nos vienen encima todos esos onerosos y casi insalvables problemas. Por eso es una historia tan desconcertante como estimulante, y eso siempre es bueno en el cine, que tanto tiende a apegarse a los esquemas y a las fórmulas.

 

Publicado el 18 de diciembre de 2017 en el periódico El Colombiano de Medellín. 

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