Morir de pie

Oswaldo Osorio

Hay muchas películas sobre la eutanasia, pero casi todas sus muertes buscadas son a causa de enfermedades terminales o limitaciones físicas insalvables. Esta película francesa propone una variante interesante: ese motivo que impele a la protagonista a desear morir es simplemente la vejez. A partir de este interesante planteamiento el relato desarrolla un drama un poco edulcorado, pero que propone distintos puntos de vista de una situación en la que todos parecen tener la razón.

Madeleine tiene 92 años y, apenas a unos minutos de iniciada la película, les dice a todos que ya es hora de partir. Se los había anunciado hace años, y en un recurso dramático y argumental apenas obvio (como buena parte del filme), sus dos hijos asumen posiciones opuestas: la hija se demora en entender pero termina aceptándolo y el hijo se niega rotundamente y se resiente con su madre y su hermana. El contrapunto entre ambas posiciones es el conflicto que mueve el relato y lo hace de forma clara y eficaz.

No obstante, la historia está cargada de otros matices que la alejan de ese esquematismo general de su argumento y su conflicto, como la relación que hay entre madre e hija, que el relato construye desde la infancia con una serie de bellos flashbacks; también el pasado combativo y militante de la madre, así como la historia de su gran amor; aspectos que definen al personaje en toda su dimensión y justifican su radical decisión; pero especialmente, la película deja muy claros los argumentos sobre por qué es completamente razonable la idea de querer morir antes de caer a la cama por vejez y yacer allí por años, y lo hace tanto con diálogos como con imágenes y acciones.

La historia empieza con una lista de cosas que ya esta anciana no puede hacer y termina con una declaración de principios acerca de vivir con dignidad o morir cuando todavía esté de pie. En medio de esto pone en evidencia esa discusión ética de prolongarle obligadamente a los ancianos esas vidas que se sostienen en cuerpos desgastados y agotados; pero más aún, evidencia la posibilidad de que ese agotamiento no solo sea físico. Por eso el gran drama que sale a la luz aquí es que ellos casi nunca son los que tienen el poder de decidir sobre sus vidas.

En consecuencia, se trata de una película con una interesante variación sobre un tema recurrente, que además está planteado de forma inteligente, en la medida en que usa unos recursos esenciales del relato cinematográfico para desarrollar con elocuencia su premisa central; pero está armada también sobre una serie de elementos obvios y predecibles, así como endulzada por momentos con un tono sensiblero que no le hace justicia a esta mujer honesta y determinada, quien le hace frente a un mundo egoísta y regido por unos discutibles supuestos morales.

 

Publicado el 26 de junio de 2016 en el periódico El Colombiano de Medellín.  

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