El punk no ha(bía) muerto

Oswaldo Osorio

Cuando a la banda Green Day la criticaron por hacer una suave y emotiva canción acústica (Good Riddance), a pesar de ser en ese entonces los nuevos defensores del punk, su vocalista respondió que, justamente, era lo más punk que habían hecho. Y es que el punk, más que un tipo de música, es una actitud contestataria ante la vida y una defensa de la individualidad. Eso lo entiende muy bien esta película, que hace del punk y de la adolescencia un honesto y divertido retrato, sin concesiones ni facilismos.

Vuelve este talentoso e intuitivo director sueco a contar sus desenfadas historias sobre la juventud, luego de un periodo un poco oscuro y vanguardista. Igualmente mantiene su interés en defender entornos y personajes libertarios y contestatarios, y nada mejor para hacer esto que un trío de treceañeras que forman una banda de punk. Con estos elementos puede contar un alegre e inteligente relato que va más allá de la llamativa anécdota de la creación de “una banda de chicas”.

Es 1982 y el invento del punk de hace unos años ha sido remplazado por bandas como Joy División o, peor, por la música disco o el techno. Pero las tres protagonistas se niegan a sepultar el punk, porque entienden que no solo se trata de esos ruidosos tres acordes, sino que es el mejor lugar donde pueden estar personas como ellas, unas marginadas por la “gente normal”,  picadas por el constante descontento y trasgresoras a pequeña escala.

También se trata de la historia de una bella amistad y la visión del mundo desde una edad y una actitud que logra ilustrar un punto de vista diferente de forma lúcida y entrañable. Aunque también es cierto que son muy distintas esas adolescentes de la civilizada Suecia de hace treinta años (sin los odiosos celulares ni Facebook) y en el seno de familias de clase media y librepensadoras (aun la cristiana). Los grandes dramas o crisis son remplazados por dudas cotidianas, animadas discusiones o, acaso, situaciones incómodas.

Aunque está basada en un cómic, la concepción visual del filme está desprovista de estilizaciones y esteticismos, más bien le apuesta al realismo de los ambientes y a la espontaneidad de la puesta en escena, lo cual resulta ideal para el tema y la identificación con los personajes. Los énfasis están puestos en la interpretación de las tres jóvenes actrices y su caracterización (peinados y vestuario principalmente), así como en el acompañamiento de una banda sonora que necesariamente está presente como un personaje más.

Con dos temas que usualmente son duros y conflictivos, el punk y la adolescencia, este director opta por una aproximación más emotiva y juguetona, sin que esto implique que sea del todo inofensiva, al contrario, tanto la película como sus personajes, tienen claro de qué se trata la trasgresión, la cual incluye ir en contravía de lo que el mundo espera de uno mismo: si Green Day hizo una dulce canción, por qué Lukas Moodysson no podía hacer una jovial fábula con el punk.

Publicado el 23 de septiembre de 2014 en el periódico El Colombiano de Medellín.

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