Las bicicletas no son para las niñas

Por: Oswaldo Osorio

Después de conocer y ver triunfar esas magníficas películas iraníes como ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Abbas Kiarostami, 1987), El globo blanco (Jafar Panahi, 1995) o Los niños del cielo (Majid Majidi, 1997), en las que el empeño de un niño por conseguir algo sirve de excusa para hacer un retrato de su cultura, no es muy injusto decir que se convirtió en un manoseado esquema del cine del medio oriente que encuentra con gran facilidad ser producido por países occidentales y aplaudido por sus audiencias.

Esta película de Arabia Saudita, coproducida con Alemania, tiene estas características. Wadjda es una niña casi obsesionada por una bicicleta verde, todo lo que hace está en función de ahorrar y comprársela, y en medio de esto el espectador es testigo de la situación en que viven las mujeres en su cultura, esas estrictas leyes morales a las que están sometidas -impuestas por la religión, claro- y el, más que simple machismo, sofocante y casi humillante grado de dominación que ejercen los hombres sobre ellas.

Para evidenciar esta situación y hacerlo con un marcado sesgo de denuncia, el relato recurre, como es apenas obvio, a un personaje que se quiere salir de ese molde y con la pizca de rebeldía apenas justa para servir de vehículo para exponer la situación, pero que tampoco alcance a ser condenada como pecaminosa, porque está claro que su directora (la primera de ese país) no quiere hacer un pesado drama sino un desenfadado y tierno relato que probablemente llegue a una audiencia mucho más amplia.

Tal vez lo que más molesta de este filme es todo lo que se esfuerza por hacer el inventario de reglas, limitaciones y condicionamientos morales al que están sometidas las mujeres. Incluso sucumbe a crear una antagonista tan maniquea y elemental como los villanos del cine occidental. La directora de la escuela es todo lo opuesto a Wadjda. Si la una representa la posibilidad de  pensar diferente y el deseo de liberación de ese sistema social y moral, la otra es el iracundo Corán y la inflexible regla. En esta película parece no haber lugar para matices y sutilezas.

Pero posiblemente lo más cuestionable de todo es ese plano final (aunque sin echar a perder una gran sorpresa, de todas formas desde aquí se revela información para quien no la haya visto), el cual parece hecho para ratificar la "victoria" de la protagonista y para que el público experimente cierta complacencia por ella. No obstante, esa victoria es pírrica y tremendamente postiza al lado de lo que acaba de ocurrir con el concurso y con su madre. Es decir, lo que hay aquí es solo una denuncia de postal, que al final se conforma con poco y cubre con una imagen final, ligera y emotiva, toda esa adversidad y arbitrariedad que en principio quiso desvelar.

 

TRÁILER

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