El filme está lleno de cualidades en sus planteamientos dramáticos y logra mantener un angustiante interés en la pareja protagónica: él es un agente al servicio de la dictadura que cumple diversas funciones (entre ellas torturar) en uno de esos como campos de concentración donde recluían a los enemigos del régimen, y ella una joven militante y alfabetizadora que termina confinada en aquel campo: El Garaje Olimpo.

La particular y contradictoria relación que se establece entre ellos es a la vez el conflicto principal del relato y el recurso que utilizaron sus guionistas, Lara Fremder y el mismo Bechis, para mostrar el drama de las víctimas de aquel pequeño holocausto. Entonces la historia sostiene su turbadora tensión dramática a partir del contrapunto entre la arbitrariedad y crueldad del Garaje Olimpo y la tímida y conmovedora relación de la pareja.

La concepción visual de este filme necesariamente debía ser gris y opaca, no sólo porque cada secuencia  está dominada por una pesada atmósfera de miedo, violencia y muerte, sino también por la naturaleza opresiva y dolorosa de ese extraño amor, fundado en sentimientos como la lástima, la culpa, la esperanza de sobrevivir y otros muchos que hacen más atípica y enrarecida una relación ineluctablemente destinada a no terminar bien.

Como se puede ver, Garaje Olimpo no es de esas películas para divertirse y comer crispetas. Éste es de ese cine interesado y comprometido con una idea, con una realidad, que no por pasada está menos lejana y que es susceptible de repetirse si se olvida. Si bien el cine nació como atracción de feria y el que es para el puro entretenimiento siempre será válido y necesario, salir de una sala un poco conmovidos y desolados con historias como ésta, es otra experiencia que nos tiene deparada el cine y que se disfruta de una forma distinta pero no menos intensa.

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