La vida sin opulencia

Por Oswaldo Osorio

El director más prolífico del cine colombiano continúa con el estreno escalonado por las ciudades del país de su última película, que para él es como si fuera la primera, según dice. Y es que luego de cinco producciones (en nueve años) con propuestas muy singulares y hasta experimentales, ésta es su cinta más convencional desde lo dramatúrgico y narrativo, lo cual no es de ninguna forma un defecto, pues se sabe que si algo requiere de talento y conocimiento es contar una buena historia planteada a la manera clásica.

Es muy posible que Harold Trompetero se convierta en el director más importante del cine colombiano, se le ve venir entre los altibajos de esta rauda y chispeante obra, la cual inició con Diástole y sístole (2001), una película aparentemente ligera, pero muy inteligente y contundente con lo que se proponía; luego viene Violeta de mil colores (2005), un desesperado poema visual de una mujer sola en Nueva York y en la vida, una de las más bellas y conmovedoras películas que se han hecho en el país, pero que casi nadie verá a causa de los caprichos y la avaricia de una actriz que en unos años nadie recordará.

Después realiza una seguidilla de tres comedias de corte popular que seguro le ganó la animadversión de muchos críticos. Dios los junta y ellos se separan (2006, codirigida con Jairo Carrillo) la más incomprendida y hasta desdeñada de sus películas, pero sin duda una audacia cinematográfica que tiene mucho valor como propuesta visual y narrativa, así como innovadora frente al tipo de comedias del cine nacional.

Con Muertos de susto (2007, codirigida con Jairo Carrillo), comete el pecado de tener que bailar al ritmo del cine de Dago García y de dos estrellas (de papel) de la televisión, pero aun así, de las últimas películas de Dago, es la única que parece conocer cuáles son los resortes del humor universal. Y por último, El man (2009), que fue una idea muy buena que no resultó serlo tanto en la pantalla, y con todo, la inteligencia y originalidad no están por completo ausentes.

Riverside es un drama de inmigrantes en Nueva York, pero no es un drama por las habituales razones, sino que parte de un caso muy singular, que probablemente es lo que menos funciona de todo. Y es que la premisa de la historia es la de una pareja compuesta por un colombiano y una rusa que, luego de tener una lujosa vida, terminan viviendo bajo el puente de Brooklyn. Dicha premisa parece para una farsa o una comedia, pero se decanta por un duro drama cargado de patetismo en sus situaciones y personajes.

Lo cierto es que si se olvida la incompatibilidad que hay entre lo cómico de la premisa y lo dramático de su desarrollo, la película resulta un sólido drama llevado con pulso firme en su dirección y en sus interpretaciones. El fin del “sueño americano” y el obcecado deseo de regresar al país natal son las ideas que le dan fuerza a esta historia. Porque a las penurias económicas se le suma el frío extremo del lugar, por lo que la idea de la cálida Barranquilla hace más desesperada la visión de este par de desheredados de la fortuna que se niegan a perder su rancia dignidad.

La mezcla de amor y rencor que se profiere la pareja, enfrentados a todas esas adversidades, es lo que mueve la historia. De esta situación se desprenden sentimientos y emociones como la ternura, lo celos, la solidaridad, la angustia y la desesperación, que son bien capitalizados por trompetero y sus actores. El complemento justo lo hacen unos personajes secundarios que refuerzan este universo de marginalidad y lo que de él se desprende, manteniendo la concentración del espectador en un drama sólido y significativo, del cual ya está olvidado su inconsistente inicio, aunque al final, nuevamente la última escena resbala en la farsa cómica y nos recuerda la imperfección de todo el planteamiento.

Publicado el 26 de junio de 2009 en el Periódico El Mundo de Medellín.

FICHA TÉCNICA
Dirección, producción y guión: Harold Trompetero
Fotografía: Carlos Arango
Producción: Andrés Parra
Reparto: Diego Trujillo, Lynn Mastio Rice, Gil Siverbird, David Glover, Michell Best.
Colombia – 2009 – 92 min.

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