Oswaldo Osorio

El portal Retinalarina.org es una iniciativa del Ministerio de Cultura para brindar una alternativa de exhibición para el cine colombiano y latinoamericano, un cine que tiene pocas oportunidades y duración en salas en nuestra cartelera. En estos tiempos de cine en casa, aquí hay cuatro recomendados de la cinematografía nacional reciente: 

Crónica del fin del mundo (Mauricio Cuervo, 2013)

Un filme con una historia sencilla, tremendamente contenida al referirse a las emociones y sentimientos y, aun así, llena de fuerza y sentido en las lúcidas ideas que expresa acerca de la vida, la cotidianidad y la relación entre las personas, eso sin dejar de vincularlo todo y comentar el contexto de la realidad nacional.  Es un cine hecho con pocos recursos, un cine posible, tanto en lo cinematográfico como en lo financiero y, de todas formas, consigue decir cosas importantes de manera inteligente.

Pariente (Iván Gaona, 2016)

Una película definida por un doble conflicto, de un lado, uno íntimo, una historia de desamor, y del otro, un conflicto de contexto, la velada presencia de la violencia y de los paramilitares en pleno proceso de desmovilización de estos. Pero a esta ópera prima le interesa antes construir poco a poco el color local y la red de relaciones entre los personajes, con unos matices que solo da una narrativa que le podría parecer dispersa a quienes se aferran a las convenciones de la narrativa clásica. Se trata de las pocas películas que cuestiona con fuerza y habla abiertamente sobre el paramilitarismo, y aun así, no solo es una historia sobre el conflicto en el país, es también un lamento al desamor y un potente fresco sobre una región.

La tierra y la sombra (César Acevedo, 2015)

Otra película con un evidente contrapunto entre un conflicto íntimo y otro de contexto. Un viejo regresa a su casa, donde encuentra que su familia se está desmoronando, al tiempo que los grandes sembrados de caña se comen el paisaje y ya no queda nada de lo que era antes. Es un relato con un particular distanciamiento, tanto el que pueda tener el espectador hacia los personajes como entre ellos mismos. Ese distanciamiento y esa suerte de frialdad le da un tono pesaroso y de pérdida que funciona muy bien con los dos conflictos que desarrolla este filme, tanto el emocional adentro de la casa como el social afuera en los sembrados de caña.

Eso que llaman amor (Carlos César Arbeláez, 2016)

Ya la forma como está concebido el título de esta película da indicios de que el amor será un objeto elusivo, más una búsqueda que una certeza, o incluso una serie de asuntos que, si bien pertenecen a él, no son necesariamente sus virtudes más deseadas. Con esta desalentadora premisa se echan a andar tres historias que arrastran el peso emocional de unos sentimientos y estados de ánimo marcados más por las carencias y el infortunio. Esas historias, que son contadas de forma alternada, se desarrollan con coherencia y solidez, avanzando a un ritmo y con unos turnos que permiten engancharse con los tres relatos, así como ir construyendo esa idea que los conecta y que termina por darle sentido a la película como una sola obra.

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