El viejo festival que de nuevo promete

En un país en el que hay casi ochenta eventos de cine, entre festivales y muestras, el Festival Internacional de Cine de Cartagena – FICCI, que hace medio siglo fue el primero de todos, debería ser el mejor y el más importante. No obstante, esta lógica del deber ser no se aplica a todos los momentos de la historia de este certamen, porque, de hecho, en algunas épocas llegó a cargar con mucho desprestigio.

En los últimos años, definitivamente, esto ha venido cambiando. Primero con la presencia del crítico de cine Orlando Mora al frente de la programación y, en este último año, con el nombramiento de Monika Wagenberg como directora del festival. La presencia de ellos ha traído unas consecuencias muy positivas. En primer lugar, la calidad del cine ha mejorado hasta un punto óptimo, y en segundo, la organización ahora es mucho más eficaz y profesional, sin que tampoco llegue todavía a su estado ideal, aunque realmente le falta poco.

Con estos dos importantes aspectos solucionados, ya el FICCI comienza a recuperar su lustre, por eso en esta última versión el público solo tuvo que preocuparse por ver buenas películas, una tras otra, y después de las cuales podía conocer a sus directores y actores o a parte del equipo de realización, luego ir a una conferencia con el celebrado guionista Guillermo Arriaga o toparse en los pasillos con el maestro Arturo Ripstein o con las mismísimas hijas de Charles Chaplin, Geraldine y Jane. Porque de eso se trata un festival, de una fiesta de cine que convoca a toda la gente de la industria con el objetivo de ver películas, promover la producción y reflexionar sobre los múltiples aspectos que intervienen en el arte cinematográfico.

Y el FICCI tiene muy claro esto, por eso además de más de un centenar de películas, entre largos, cortos y videos, allí se dio lugar, entre otras actividades, al II Encuentro de Muestras y Festivales, en el cual por fin se creó la asociación del gremio; el V Taller de Crítica Cinematográfica, con el crítico argentino Diego Lerer; el II Taller de Pitch Documental, donde participaron diez proyectos que tuvieron una importante vitrina ante expertos, curadores y productores; la Videoteca del Cine Colombiano, compuesta por 75 trabajos nacionales, realizados en el país en los últimos dos años, para ser conocidos por programadores de canales y festivales; y el VI Encuentro Internacional de Productores, cuyo objetivo fue que 16 proyectos nacionales fueran conocidos por compradores internacionales.

Una muestra de calidad

Pero lo más importante de este o cualquier festival son siempre las películas, y el FICCI ahora presenta una muestra iberoamericana de cine de gran calidad, que se enfoca en los nuevos directores (que tengan hasta tres filmes). De manera que es el lugar ideal para calibrar el nivel y el futuro del cine de esta región, así como para descubrir esas miradas y realidades, solo mostradas con tal claridad por el cine, que de ninguna manera será posible ver en la limitada cartelera comercial del país.

Hasta hace poco era muy fácil predecir en este festival cuál era la película que se llevaría los principales galardones, o por lo menos, las dos o tres que alcanzaban a tener algún nivel para competir por tales premios. Ahora, en cambio, no se pueden hacer predicciones triunfalistas, porque si acaso, se puede elegir la preferida, y eso que con dudas, porque el nivel es tan alto y parejo que la mayoría de las películas de la competencia oficial tienen posibilidades de alzarse con los principales premios.

Solo entre las películas del Cono Sur ya hay una dura competencia, porque por todos es conocida la gran calidad del cine que se está haciendo en países como Argentina, Chile y Uruguay, sobre todo por vía de ese tipo de cine orientado hacia lo que podría llamarse un realismo cotidiano, que siempre está presente en sus historias, personajes y formas de narrar.

Habría que empezar por mencionar la película ganadora de la India Catalina como mejor película, la cinta Post mortem (2010), del director chileno Pablo Larraín, tan dura y contundente como Tony Manero (2008), su ópera prima (pero de ella se hablará más extensamente en otro artículo de esta misma edición). Otro filme chileno que sostuvo el listón en alto fue Gatos viejos (2010), de Pedro Peirano y Sebastían Silva, quienes ya nos habían sorprendido con La nana (2009) y con La vida me mata (Silva, 2007), lo cual quiere decir que no los volveremos a ver en Cartagena, pero con su última película, sobre la conflictiva relación entre una enferma anciana y su díscola hija, dieron cuenta de su habilidad para crear dramas con fuerza y economía de recursos: cuatro actores magníficos y prácticamente un solo espacio.

Argentina estuvo representada por dos mujeres, Anahí Beneri con Por tu culpa (2010) y Natalia Smirnoff con Rompecabezas (2009). Ambos filmes también sobre mujeres, y que además tienen en común el serio cuestionamiento que hacen sobre el papel de la madre en la familia, cada una desde un distinto ángulo, pero con igual fuerza. Por otro lado, para terminar este recorrido por el sur del sur, está la película uruguaya La vida útil (2010), de Federico Veiroj, un joven realizador que ya había demostrado su buen pulso para dibujar a un personaje en medio de su particular universo con la película Acné (2007). Con esta última cinta hace lo propio, pero esta vez con un funcionario de una cinemateca, regalándonos una de las historias más entrañables sobre el amor por el cine, pero también llena de melancolía por las distintas muertes que cíclicamente padece el celuloide. Una pieza de cine sencilla, corta, poética y elocuente.

El cine peruano, por su parte, siempre participa con piezas dignas, en este caso Octubre (Daniel y Diego Vega, 2010), una sobria e inquietante cinta sobre un prestamista que, de repente, tiene que cuidar de un bebé. Así mismo, cabe destacar la película mejicana Asalto al cine (Iria Gómez, 2010), que supo hablar con cierta soltura y elocuencia sobre un grupo de jóvenes marginales que triunfan en un asalto pero fracasan en sus vidas; y también la cinta brasileña Riscado (Gustavo Pizzi, 2010), un relato que le apuesta al intimismo y a las búsquedas narrativas.

Además de las películas en competencia, México era el país invitado y se pudo ver una magnífica muestra de su cine. Igualmente, retrospectivas del director francés Oliver Assayas y del mejicano Nicolás Pereda. Y no menos atractivo, un puñado de las películas colombianas de ficción que serán protagonistas durante este año: la entrañable Los colores de la montaña (Carlos César Arbeláez), que conquistó al público del festival; Karen llora en un bus (Gabriel Rojas), interesante relato en clave de cine de autor sobre el universo femenino; Pequeñas voces (Jairo Carrillo, Óscar Andrade), otra cinta que gustó a todo el mundo, una animación con material documental que habla sobre el conflicto del país desde la perspectiva de los niños; Todos tus muertos (Carlos Moreno), una puesta al día de El río de las tumbas (Julio Luzardo, 1962), que explora nuevas formas de hablar sobre la violencia del país; En coma (Henry Rivero, Juan David Restrepo), un filme sobre la violencia y marginalidad urbanas en clave de melodrama de acción; y La vida era en serio (Mónica Borda Sáenz), que entre el dramatismo de la protagonista y la comedia de las situaciones habla sobre la vida y problemas de una madre ejecutiva.

En un mundo tiranizado por el internet y con el cine amenazado por la imagen pixelada de las películas descargadas o por el pequeño formato de las pantallas del computador, así como por la hegemonía del cine industrial y de gran presupuesto, los festivales de cine son un oasis para la cinefilia. Y si se trata del festival más antiguo de América Latina, que además se está rejuveneciendo, la cita para el próximo año está como para no perdérsela.

PALMARÉS COMPETENCIA OFICIAL FICCIÓN
- Premio Especial a Mejor Actriz: Claudia Celedón por Gatos Viejos (Chile/EE.UU.)
- Premio Especial a Mejor Actor: Gabino Rodríguez por Asalto al cine (México)
- Premio Especial a Mejor guión: Natalia Smirnoff por Rompecabezas (Argentina)
- Premio Especial a Mejor director: Daniel Vega y Diego Vega por Octubre (Perú)
- Mejor película: Post Mortem de Pablo Larraín (Chile)

COLOMBIA AL 100%
- Premio Especial: Apaporis, en busca del rio de Antonio Dorado
- Premio Especial: Todos tus muertos de Carlos Moreno
- Mejor Película: La sociedad del semáforo de Rubén Mendoza

COMPETENCIA OFICIAL DOCUMENTAL
- Premio Especial: Jesús Romero personaje del documental Agnus Dei, Cordero de Dios (México)
- Premio Especial: Macarena Aguiló directora de El edificio de los Chilenos (Chile)
- Mejor Película Documental: Pequeñas Voces de Jairo Carrillo y Oscar Andrade (Colombia)

PREMIO DE LA CRÍTICA INTERNACIONAL - FIPRESCI
- Mejor Película: La vida útil de Federico Veiroj (Uruguay)

PREMIOS ADICIONALES
- Mención especial de los Cine Clubes (Asociación La Iguana) a Mejor Película: La vida útil de Federico Veiroj (Uruguay)
- Mención especial de la crítica colombiana a Mejor Película: La vida útil de Federico Veiroj (Uruguay)
- Premio del Público Cinecolor: Los colores de la montaña de Carlos Cesar Arbeláez (Colombia)

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