La ciudad visible: una Bogotá imaginada

La ciudad visible: una Bogotá imaginada, de Diego Mauricio Cortés Zabala. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2003. 82 p.

Por: Oswaldo Osorio

La publicación de este libro viene antecedida por un premio, el segundo lugar de la convocatoria para ensayos sobre cine (Ministerio de Cultura en el año 2002). Se trata de un texto compuesto, a su vez, por varios ensayos realizados sobre seis largometrajes y tres directores colombianos, los cuales tienen como hilo conductor y escenario la ciudad de Bogotá. El escritor y periodista autor de este libro consigue articular en él un discurso que, aun compartimentado por los filmes y directores en que se dividen los capítulos, da cuenta de forma orgánica de la relación de esta ciudad con el cine, y lo hace en términos propositivos y de creación de conocimiento en torno al cine colombiano, trascendiendo así la mera descripción y la crítica de cine focalizada en una sola película, que son las prácticas habituales de la literatura de cine en el país. De manera que el punto de partida de este texto son las representaciones cinematográficas que se han hecho de Bogotá. Pero no se trata de aplicar a la capital del país el a veces inasible tópico de ‘cine urbano’, sino que más bien es una atenta exploración y un lúcido análisis de las distintas formas en que, como su título lo insinúa, los cineastas han mirado e imaginado esta ciudad. De ahí que el autor permanentemente esté precisando y problematizando los referentes reales e imaginarios de que se valen los realizadores para contar sus historias, ya como fundamento o inspiración de una película o de la obra de un director, o por el contrario, apenas recurriendo a esquemáticas y erráticas formas de ver o utilizar sus espacios y fenómenos. En esta exploración identifica y analiza aspectos como la cultura popular, el humor, la conciencia de clases al interior de la ciudad, así como las prácticas sociales y las configuraciones éticas propias de la vida urbana.

Cortés Zabala asume la ciudad de Bogotá y el tema urbano partiendo de perspectivas sociológicas, semiológicas, literarias y, por supuesto, cinematográficas, para abordar las películas Confesión a Laura (Jaime Osorio, 1990), La estrategia del caracol (Sergio Cabrera, 1993), La gente de La Universal (Felipe Aljure, 1993), Soplo de vida (Luis Ospina, 2000), Díastole y sístole (Harold Trompetero, 2000) y Kalibre 35 (Raúl Ruiz, 2001), y además la obra de los directores Jorge Echeverri, Guillermo Álvarez y Ricardo Coral-Dorado.

Lo primero que se destaca en el texto es el uso de los referentes literarios como una hábil y esclarecedora herramienta para introducir elementos a la reflexión y completar su análisis del fenómeno de construcción de imaginarios de ciudad. Los filmes y directores trabajados en el texto con frecuencia están confrontados con el otro espejo de la realidad, la literatura, ese otro medio creador de historias. Así mismo, sobresale en su metodología el constante diálogo con distintas fuentes bibliográficas y de prensa, un diálogo que puede ser usado como complemento y sustentación a sus argumentos, o que incluso pueden ser refutadas por el autor para asumir una posición o reforzar sus juicios.

Lo más destacable de este esclarecedor texto es su acertado sentido crítico, mediante el cual pone en juego no sólo juicios de valor concebidos sin complacencias ni prejuicios, sino también la consecuente y sólida argumentación de tales juicios, apoyándose en referentes de todo tipo, incluyendo películas que no están dentro de su objeto de estudio, pero que, como instrumentos comparativos, funcionan para hablar del tema que le interesa y plantear ideas sobre el cine colombiano en general y algunos de sus autores pertenecientes a otras regiones. Así por ejemplo, cuando analiza La estrategia del caracol, la relaciona con otra película que aborda lo urbano, Rodrigo D (Víctor Gaviria, 1988), afirmando que la aproximación de Víctor Gaviria es “más sincera, honesta, documentada y comprometida que la de cabrera al de los inquilinatos. Allí donde Gaviria busca la verdad y la poesía, Cabrera simplemente alude al divertimento y a una metáfora acerca de una especie de solidaridad sin contexto. Sacrifica el dato real a la funcionalidad de una trama comercial” (21).

También el oficio de escritor le permite al autor no sólo ser racional en sus planteamientos sino también creativo y, con ello, elocuente, como cuando al referirse al cine de Jorge Echeverri y su talento en el manejo visual dice: “Por momentos, parece que el mundo se estuviera creando cuando su cámara lo ilumina” (44). De ahí que además de ser un libro con un estilo claro y contundente, también sea un texto estimulante en su lectura. Por todo esto, sin duda alguna se puede decir que se trata de un texto clave de la crítica y la interpretación del cine colombiano reciente.

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