Un balance

Por Oswaldo Osorio Image

Este año iban a cambiar muchas cosas en Cartagena, así se lo propusieron sus organizadores y así lo esperaban los asistentes. Y de hecho cambiaron, pero no al mismo nivel de las expectativas. La renovación se percibía en el ambiente, la nueva gerencia se hizo sentir, así como el respaldo de entidades como la Dirección de Cinematografía y Proimágenes, sin embargo, muchos viejos males prevalecieron y todavía el Festival debe afinar su nueva maquinaria en cuestiones como la puntualidad en algunos escenarios, la cancelación de películas y la adecuación técnica de los teatros.

Pero el verdadero y gran problema de este festival es la necesidad de recuperar el estatus que por antigüedad debería tener en el panorama latinoamericano. Es indispensable que deje de ser un festival de segunda que va a la saga de otros como el de La Habana, Guadalajara o Mar del Plata. La consecuencia fundamental  de esto es que del prestigio de un festival depende la calidad de su programación. Por eso en Cartagena nunca se puede ver lo mejor del cine iberoamericano del último año sino una retahíla de obras menores, cuando no decididamente malas. Si bien hasta que se pueda restablecer este prestigio los filmes importantes van a preferir la vitrina de otros festivales, es imperativo que en Cartagena haya una mejor curaduría con las producciones que estén dispuestas a participar allí.

Las películas que en este evento son dignas de mencionar, entonces, son más bien pocas. Necesariamente hay que empezar por Apocalípsur, de Javier Mejía, una película que apela de nuevo al tema de la Medellín de principios de los noventa, pero desde una óptica novedosa y tratada con ingenio y contundencia. Una estrella y dos cafés, de Alberto Lecchi, confirma el buen  momento por el que pasa el cine argentino y este director, con una historia sencilla y entrañable. El violín, de México y Madeinusa, del Perú, también fueron piezas que dieron cuenta lo que bien podría verse como un cine latinoamericano con calidad e identidad propia.

Además de las películas, y no menos importante, es ese espacio que propicia un evento como estos para el encuentro de la gente del cine y la reflexión en torno a sus temas. Se destaca el homenaje a Gabriel García Márquez, que estuvo compuesto por  una importante muestra cinematográfica y conferencias a cargo de personalidades como Jorge Alí Triana, Miguel Littin y Fernando Birri. Así mismo, hubo otros eventos como talleres de guión y animación, el encuentro sobre formación de públicos y el de productores, éste último de gran utilidad y eficacia para que los realizadores nacionales saquen adelante sus proyectos. 

Con su muestra de cine iberoamericano, de cortometrajes y de video, con sus actividades académicas y hasta con sus fiestas, el Festival de Cine de Cartagena sigue siendo el principal evento cinematográfico del país, con todo lo bueno y lo malo que pueda tener, por eso el optimismo que por estos tiempos está presente en el cine nacional, puede extenderse a este emblemático evento. Ya este año se dieron los primeros pasos para su mejoramiento, para que en adelante siga estando, como dice su nueva gerente, a 35 milímetros sobre el nivel del mar.

PREMIOS INDIA CATALINA

  • Mejor película: La edad de la peseta de Pavel Giroud, de Cuba
  • Mejor guión - Premio Unión Latina: Francisco Vargas, El violín, de México
  • Mejor director: Agustín Díaz Yanes, Alatriste, de España
  • Mejor actriz: Magaly Solier, Madeinusa, de Perú
  • Mejor actor: Jaime Vadell, Padre nuestro, de Chile
  • Mejor ópera prima: Fuga, de Pablo Larraín, de Chile
  • Mejor actriz de reparto: Graciela Borges, Las manos, de Argentina
  • Mejor actor de reparto: Marlon Moreno, Soñar no cuesta nada, de Colombia
  • Mejor fotografía: Martín Boege, El violín, de México
  • Premio especial del jurado: Apocalipsur de Javier Mejía, de Colombia
  • Mención especial del jurado: Madeinusa, Claudia Llosa, de Perú
  • Mejor película colombiana: Apocalipsur de Javier Mejía, de Colombia

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