Entre el romanticismo y la violencia

Oswaldo Osorio

Teniendo en cuenta que el público que más va a cine es el comprendido entre los 14 y los 26 años, es apenas natural que la industria concentre buena parte de sus esfuerzos en capitalizar este grueso de espectadores. De manera que el cine juvenil ha sido una constante tendencia en el cine comercial y cada generación ha tenido su propio tipo de cine, definido por esa interdependencia entre lo que quiere el público y lo que la industria le ofrece, así como por otros factores de tipo socio-cultural y de mentalidades del momento.

 Si a mediados de los ochenta este cine tenía la forma de los filmes de John Hughes (Sixteen Candles, The Brakfast Club, Ferris Bueller's Day Off), con sus cándidas historias de amor e inofensiva rebeldía; en la transición del milenio fue la menos romántica y más picante (con alguna dosis de mal gusto y humor pueril) saga de American Pie la que marcó la pauta del cine juvenil. Ahora estamos en una generación definida por la literatura para jóvenes adultos (que coincide con las edades referidas a ese grueso de público del cine), en la que hay un importante viraje donde, sin dejar de lado el componente romántico, entra a jugar un papel importante la violencia, esto por vía de la necesidad de supervivencia en una sociedad hostil en la que viven.

Si bien Los juegos del hambre (2012 - 2015) es la saga (porque tanto libros como películas vienen en varias entregas) más exitosa, también hay otras como Crepúsculo (2009 - 2012), El juego de Ender (2013), La huésped (2013), El corredor del laberinto (2014) y Divergente (2014 - 2016). A esta última pertenece Insurgente, que es la segunda entrega de la trilogía escrita por Veronica Roth y de la que aún falta por llegar Leal. Aquí una sociedad es creada desde cero y ha sido agrupada en facciones para preservar la paz.

Todas estas cintas tienen los mismos componentes: su protagonista es un "elegido" con unas habilidades o privilegios particulares, hay una historia de amor (generalmente complejizada con un triángulo amoroso), acción y aventura, está ubicada en un futuro definido por la ciencia ficción y/o la distopía (o la fantasía en el caso de Crepúsculo), y todo determinado por un contexto hostil que pone a prueba varios asuntos: la permanencia de un régimen, la valentía, los valores y la autodeterminación de los protagonistas.

Como se puede apreciar, todo este es un material muy llamativo para la generación actual de jóvenes. Pero lo que habría que preguntarse es si esta tendencia de violentas distopías, en las que jóvenes luchan por su supervivencia, están en boga porque permite esta variopinta conjunción de atractivos aspectos para ser explotados por la industria del cine, o porque vivimos en tiempos más desesperanzadores y pesimistas que crean un ambiente propicio para la aceptación de estas historias. O simplemente, en la lógica cíclica en que se mueven las tendencias de consumo de la cultura popular y las mentalidades, nos encontramos en un punto alto definido por la violencia y la adversidad, pero en algún momento este cine volverá a las historias románticas y cándidas.

Sea cual sea la razón, lo cierto es que, como en todo el cine y el arte en general, siempre hay productos de buena y mala calidad, donde se encuentra tanto la aplicación de fórmulas que se repiten hasta el cansancio y levitan en lo superfluo, como relatos con fondo en su construcción y peso en sus ideas que se destacan entre las demás. En cuanto a Insurgente, se puede ubicar sin problemas en un insípido punto medio.   

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