Nadie es perfecto

Por Oswaldo Osorio

“Del mismo modo que todo el mundo odia a Estados Unidos, todo Estados Unidos odia a Hollywood. Existe el profundo prejuicio de que todos nosotros somos tipos superficiales que ganamos diez mil dólares a la semana y que no pagamos impuestos; que nos tiramos a todas las chicas; que tenemos piscinas dentro y fuera de las casas; que tenemos profesores en casa que dan clases a nuestros hijos de cómo subirse a los árboles; que cada uno de nosotros tiene dieciséis criados y que todos conducimos un Maserati. Pues sí, todo esto es verdad. ¡Aunque os muráis de envidia!”

“Tengo diez mandamientos. Los primeros nueve dicen: ¡No debes aburrir! El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final.”

“Dos autores que trabajan juntos en un guión, deben tirar de los dos extremos de una cuerda, sino no aparece ninguna tensión.”

“Considero que el trabajo de escribir un guión es el elemento más importante de una película, porque es decisivo. En la creación de una película, ni el reparto, ni el rodaje, ni el montaje, son tan decisivos como el momento en que se decide escribir sobre un determinado argumento. La chispa inicial es el momento más importante. Cuando se tiene, si además es buena, no hay nada de todo lo demás que pueda fracasar del todo. Porque –al menos por lo general- uno no se convierte de la noche a la mañana en un absoluto idiota que ya no sabe cómo hacer una película .”

“He vivido la época en que se temió que el cine fuera desplazado por la novedad de la televisión. He visto cómo grandes salas de cine se han convertido en garajes. Pero no he compartido nunca ese miedo porque sé que la radio y los discos no pueden destruir la opera.”

“La diferencia principal entre nosotros (Wilder y su co-guionista I.A.L. Diamond): mientras yo, como ya me sucedía cuando trabajaba con Brackett, siempre estaba en movimiento,  recorría la habitación intranquilo de un lado para el otro, él permanecía sentado tranquilamente, él podía esperar. Quizás eso se deba a que yo, mientras escribía, ya pensaba en los movimientos de la cámara y los veía ante mis ojos. Además, siempre me daban horror los diálogos largos, intuía el nerviosismo de los espectadores. En el cine, nada me resulta más espantoso que después de una conversación, que ya resulta larga, alguien le diga a su interlocutor: “¿Quiere que se lo explique con más detenimiento?” Y además, a continuación, sin que sea en absoluto necesario, ambos se sientan, para que le quede bien claro al público horrorizado: aquello va a durar interminablemente”

“Al empezar cualquier guión y cualquier película, te sientes como en una habitación a oscuras en la que tropiezas con las esquinas, te caes, pero también en la que, a medida que vas iluminándola, con ideas, se hacen los más excitantes descubrimientos.”

“Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate.”

“Me han preguntado repetidamente si los directores deberían saber escribir. Mi respuesta siempre ha sido que bastaría con que supieran leer.”

“Es más fácil escribir un guión en común con dramaturgos que con narradores. Un dramaturgo, en contraposición con un narrador, sabe que una obra de teatro, una película, es como un juego de ajedrez, donde cualquier movimiento condiciona y determina el siguiente. Un movimiento puede ser tan bonito como se quiera, pero si no hace avanzar la historia no sirve para nada. Una escena que pueda sacarse de una película sin que pierda su sentido, es una escena incorrecta. Escribir una película es lo mismo que jugar al ajedrez, escribir una novela es lo mismo que jugar solitario”.

“Pero no es verdad que todos mis colaboradores forzosamente acaben dándose a la bebida. Algunos también se suicidan.”

“Hay algo sorprendente: cuando reflexiono sobre todas mis películas, me llama la atención que, en las épocas en que estuve deprimido, hice comedias. Y cuando me sentía muy feliz, rodé temas más bien trágicos. Quizás intenté inconscientemente compensar cada uno de mis estados de ánimo. Incluso en la actualidad, podría decir todavía con toda exactitud qué fue lo que me empujó a mis depresiones mientras escribía y rodaba una comedia. Las películas eran mi sicoanálisis particular.”

“Existen más libros sobre Marylin Monroe que sobre la segunda guerra mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos. Era el infierno, pero valía la pena.”

“Es una profesión rara la que tengo. Durante cuarenta años he estado rodando películas y siempre tuve que preocuparme de toda la gente del plató, mostrar interés. ¿Está mejor su niño? ¿Ha salido su marido de la cárcel? ¿Ha superado su hijo la cura de desintoxicación? ¿Y su apartamento? Pero durante todos estos cuarenta años nadie me ha preguntado nunca ¿Y qué tal está usted señor Wilder?

“No sé muy bien qué hacer con ellos (los seis premios Oscar que había ganado), utilizarlos para cuñar puertas sería quitarles dignidad, y colocarlos sobre la repisa de la chimenea sería presuntuoso. De lo que estoy realmente  orgulloso es de haber salido en un crucigrama del New York Times. Dos veces ya. Una vez en el 17 horizontal. Y una vez en el 21 vertical.”

“Todos los días miro las esquelas de los periódicos y me fijo sobre todo en la edad del muerto. La mayoría son más jóvenes que yo. Me asusto y pienso: a lo mejor, lo único que sucede es que se han olvidado de mí.”

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