" Lo que intento es ser coherente"

Por: Oswaldo Osorio

Su ópera prima, Heridas (2008), es una película muy valiente pues es la primera que se manifiesta frontalmente en contra del paramilitarismo. ¿Por qué nadie pudo ver esta cinta?

En Heridas intenté, como en todo trabajo que hago, contar una historia, y en ese momento sentí como un deber moral abordar el tema del conflicto armado colombiano, motivado por lo que estaba pasando a la altura del 2005 y 2006 en el país. Es entonces cuando más amordazada he sentido a la gente a mi alrededor, la gente estaba asustada, por lo menos en mi región y en mi ciudad (Barranquilla). Además, la muerte de Alfredo Correa, que era un profesor y una persona cercana, que respetábamos y queríamos, me mandó a eso, a contar esta historia, como siempre se manda uno cuando hace cualquier película, no importa el tema, de manera irresponsable. Era una película incómoda para muchos, porque creo que somos un país autocensurado, muy conservador, porque en realidad no es tan polémica ni escandalosa realmente, pero como que cada que llegaba a un espacio comercial con la película o para poder tener la inversión para llegar a la salas, la actitud era "mejor no nos metamos con eso". La verdad era una cosa muy frontal, generaba como cierta incomodidad.

También le pasó a Heridas que se quedó en el quiebre tecnológico, es increíble lo que ha sucedido tecnológicamente en los últimos seis años, la calidad que puedes tener en una cámara muy económica y el costo de un DCP para llegar a una sala de cine es relativamente bajo. Aunque sea para que te pongan en cinco o seis salas y te saquen al primer fin de semana, pero acceder a la sala hoy es un panorama muy diferente al que le tocó a Heridas, cuando costaba un dineral subirla de video SD a 35 mm. Afortunadamente en ciertos espacios hay mucha gente que la quiere y la respeta, ahora está en la nueva Maleta del Cine Colombiano y en espacios académicos también me la piden mucho.

¿Y la televisión tampoco se interesó?

No, tampoco. Incluso hay una escena, la de la fosa común, que una persona muy allegada a mí, y que en general es de mente abierta, me dijo: "¿Tú estarías dispuesto a que esa escena fuera sacada de la película?". Yo dije que no.

¿La frustración de no poder mostrar esta película tuvo que ver con la decisión de cambiar tan radicalmente de registro en este nuevo proyecto?

Si tú vieras mis cortos, de estudiantes, de tesis de grado, son mucho más similares a Cazando luciérnagas (2013) y a Ruido rosa (2014), que acabo de terminar, que a Heridas. Por alguna razón no consciente, en mi carrera siempre mis preocupaciones políticas y sociales han ido al documental y mi cine de ficción ha sido más intimista y personal. Creo que si no hubiera sentido lo que estaba sintiendo en mi entorno en el 2005 y 2006, y si no hubiera pasado lo de Alfredo, tal vez mi primeras película hubiera sido más algo como Cazando luciérnagas, pero sentí una urgencia, como una obligación casi, hacerla. Y bueno, las películas tienen una vida extraña, quizá esta película haga que la gente vaya a ver mi primer largometraje y este tenga una vida más interesante que la que hubiera tenido muriendo rápidamente en una sala de cine hace tres o cuatro años.

En esta nueva película también hay una suerte valentía, ahora de cara al público, por vía de este tipo de narrativa que propone, con ese realismo cotidiano, los tiempos muertos y el predominio de los silencios. ¿Cómo piensa en el público a la hora de tomar estas decisiones?

Yo no sé si es valentía, lo que intento es ser coherente, trato hacer lo que más o menos sé hacer y en ese sentido he hecho las películas que he podido hacer en su momento. Claro, uno quiere que su película ojalá la vieran millones de personas, pero me aferro mucho a la creencia de que si uno es honesto con lo que hace, uno se va encontrar con un interlocutor, con un espectador que está sintiendo cosas similares y que aprecia esa mirada y uno va a poder establecer un diálogo importante. No sé si por ingenuidad o por torpeza, no me planteé el tema del público, por lo menos no como se lo concibe normalmente en la industria. Evidentemente ahora en el proceso de promocionarla, distribuirla y exhibirla, esta realidad me abofetea.

En relación con el cuento en que se basa, la película propone unas variantes importantes. ¿Cómo fue el proceso de adaptación?

Yo llevo veinte años trabajando con Carlos Franco en una relación creativa muy estrecha. Hay un tema que para mí es muy importante y es el espíritu de la obra, creo que el espíritu del trabajo de Carlos es lo que intento preservar y con lo que me identifico, y en ese sentido voy por encima de la minucia exacta de lo que literalmente pueda decir un relato. Ahora, el relato es muy breve, no existe la niña, por ejemplo, solo existen Manrique y la perra. El tema de la paternidad no está en el relato original, ni él trabaja en una salina. Pero el hecho de que él es el autor del cuento pero al mismo tiempo el guionista, también ayuda a preservar ese espíritu y un tono que a él le interesa.

Si bien se preserva el espíritu, de todas formas se transforma sustancialmente al introducir a la niña, porque pone en el centro el asunto familiar. Además, a lo que al final apunta la película es a la transformación del protagonista y eso ocurre por la niña…

 Claro, pero aunque tanto Carlos desde la literatura como yo desde lo cinematográfico pensamos que menos es más, de todas formas llevar a la pantalla esa historia solo con Manrique y la perra sería muy difícil. Entonces introdujimos este personaje porque, además,  el tema de la paternidad para mí es muy importante, pues toda la escritura y la producción de la película se vieron atravesadas por el nacimiento de mis dos hijas y eso permeó la película muchísimo.

Es una historia recurrente ese encuentro entre un adulto y un niño. Generalmente da para muy buenas road movies (Luna de papel,  Alicia en la ciudades, Estación Central), pero aquí, aunque hay una travesía, ésta es más emocional.

Sí evidentemente me interesaba más la acción interna que la acción externa, lo que hay en la cabeza y en el corazón de la gente es algo que me apasiona. Yo soy un observador silencioso y por eso es que me gustan tanto los lugares de paso, me encantan, por ejemplo, los aeropuertos o cualquier lugar donde haya mucha gene Entonces trato de imaginarme de las personas que veo cómo es su vida o para dónde van, y me apasiona el permanente descubrimiento de lo que verdaderamente son cuando uno llega a conocerlas, y nos damos cuenta de que en realidad no conocemos a nadie. Gran parte de la aventura humana para mí es tratar de conocernos más los unos a los otros y conocernos más a nosotros mismos.

El espacio también protagonista en esta película. En el cuento no estaba la salina. ¿Por qué la decisión?

En el cuento original el hombre cuidaba una maquinaria en una carretera en construcción, pero yo empecé a buscar opciones, motivado por encontrar un espacio que funcionara no solo visualmente sino como contrapunto y metáfora de las circunstancias emocionales de los personajes. Galerazamba, que es el lugar donde finalmente se hizo la película, es un lugar que me ha perseguido reiteradamente. En los noventa hice un documental allá que se llamó Este pueblo está salado, sobre el efecto en la población de la privatización de las salinas. Y luego cuando hice Heridas hay un par de escenas allá, pero en el pueblo. Ese es un lugar donde hay algo con la naturaleza, porque la naturaleza siempre nos pone en nuestro sitio. La soberbia humana se siente muy cómoda en el desarrollo de la ciudad, pero cuando estamos en la mitad del poder de la naturaleza, entonces enfrentamos lo pequeños que somos. Ese silencio y esa sensación de pequeñez nos pone a reflexionar mucho sobre quiénes somos, qué hemos hecho o para dónde vamos. Y esas son las circunstancias en la que está el protagonista de la película

Pero también es un lugar que es muy generoso con la concepción de las imágenes.

Sí, especialmente en ese lugar el clima es muy cambiante y eso a mí como metáfora de las emociones me parecía muy interesante, además ofrecía muchas posibilidades visuales, pues de un día para otro las salinas cambian de color: llueve, deja de llover, hay viento, la arena cambia su textura, etc. Y eso contribuye en ese proceso de cambio de este personaje, pues se trata de un hombre que se está convirtiendo en padre y una niña que se está convirtiendo en mujer. Además, creo que en este doble proceso está presente también el complejo de Electra, aunque muy sutil, pues creo que el primer paso de una niña convertirse en mujer es poder tener su primer amor, que es su padre, y eso está ahí en la película. Creo que ella ya se va preparada para enfrentar en un futuro al amor, porque ya tuvo a su padre, y además se va con un pasado, porque también su padre le regala un pasado en el momento en que le cuenta cómo conoció a su madre y ella reconstruye un poco su vida hacia atrás y entonces ya queda lista para seguir hacia adelante.

Podría decirse que usted es un cineasta comprometido, tanto por los documentales con como por Heridas. ¿En esta  película no le hizo falta conectar de alguna forma la historia o los personajes con el contexto? Porque esta historia podría ser en cualquier tiempo y cualquier lugar.

No me hizo falta este contexto, porque muchas cosas me preocupan en la vida, desde cosas muy íntimas y personales hasta asuntos socio políticos, pero no creo que un tema sea más grande que otro, porque hay directores que caen en ese gran error de creer eso, creo que todos los temas son importantes y eso es lo bello del cine y lo bello del arte en general, que somos muchos tratando de entendernos desde distintas aristas. 

 

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