El video argentino y su tradición cinematográfica

 

Por: Kinetoscopio

 

¿Cómo es la relación entre el cine y las nuevas tecnologías en Argentina?

Hay una cosa muy importante para tener en cuenta, y es que Argentina nuevamente en el 2004 fue, cuantitativamente, el primer productor de cine en Latinoamérica. Se estrenaron 73 largometrajes, que para un país con la población de Argentina es mucho, y la mayor parte es producción nacional subvencionada por el estado. O sea, que sin ese dinero público esas películas no existirían. Otra característica importantísima es que la mayoría de estas películas son realizadas en un proceso donde ya no existe más el cine puro. Yo tengo la suerte de trabajar en una de las escuelas donde más se trabaja el fílmico en América Latina, pero en todo caso hoy no podemos hablar más de cine puro porque no existe, en todo proceso se pasa por el video y por el digital para, en el mejor de los casos, volver al cine. Todo el mundo cree que sigue haciendo cine pero en realidad a nivel tecnológico está trabajando con otros medios, alguna gente maneja un lenguaje clásico que no se hace cargo de eso y hay otros realizadores que sí se hacen cargo y en el proceso dan cuenta del uso de diferentes tecnologías y algunos la utilizaron creativamente, que es lo importante.

 

 Podemos citar algunos ejemplos. Para mí el más grande realizador argentino de la historia es el cantante Leonardo Fabio, que tiene una obra fílmica y un nivel y una pureza única y altísima. Ya siendo una persona adulta fue el primer director argentino que tuvo una experiencia profunda, creativa e histórica con el video y lo digital. Su último trabajo se inició como un largometraje documental sobre la historia del peronismo y terminó siendo un trabajo absolutamente imposible de clasificar, un trabajo maldito, como las Historias en cine de Godard, que son ocho capítulos supuestamente para televisión poco mostrados y muy pirateados porque tiene muchos problemas de derechos. Este trabajo fue hecho en una computadora en video con material de origen fílmico. El trabajo de Fabio es exactamente igual, son como seis horas que tienen un origen fílmico que fue trabajado en video y que fue coproducido en digital todos los procesos. Hay una manipulación estética dada al cine por el video y por el digital, podríamos hasta hablar de una obra multimedia. Se trata de una especie de recorrido loco, caprichoso, brillante y antológico sobre la figura de Domingo Perón. Y, como Godard, tardó siglos esa película, no tenía problemas, tenía mucho dinero porque fue encargada por el vicepresidente de la nación.

 

Otro caso impactante es Los rubios, una película de Albertina Carri que trata de reconstruir la historia de las masacres en la dictadura. Es una película que está hecha en video, en 16 mm. y en digital. Durante toda la película ves expresivamente el uso de cada medio. Entonces tenemos dos bandos y en ambos se utiliza video y digital, no existe más un proceso fílmico puro, sale carísimo hacer las copias para trabajar en moviola, se pasa a trabajar mejor en video y digital, el 95 por ciento de la gente sigue haciendo el cine clásico, pero en esta variedad tecnológica. Esto es historia del transfer, pero a nosotros nos interesa únicamente casos creativos, porque el digital, además de favorecer el almacenamiento, la distribución, etc., tiene otras características fundamentales y está fundando una nueva posibilidad de imagen-participación, que es todo lo que rodea la interactividad la navegación, la interfase, así como programar diferentes posibilidades narrativas y expresivas, donde hay un proceso en el que puedes dar opciones. En este caso el cine argentino prácticamente no tiene nada, a excepción de este video artista que vive en Barcelona, Iván Marino, que es una de las personas que más ha investigado del tema, él en este momento está haciendo experimentos de trabajos interactivos en online y creo que es el único realizador argentino que está teniendo una experiencia profunda con este tema.

 

Hay otro caso que marca la historia de cine en América latina y es León Bernnet, es la primera película digital latinoamericana interactiva, navegable, con historias intercambiables que se van procesando aleatoriamente a través de programción. Además, es la primera película que, mucho antes que Arca rusa (Sukurov, 2002), fue trabajada con una cámara pero registrada en el disco duro de una computadora. Con fondos digitales incrustados con after efects. El otro proyecto se llama Pachito Rex, me voy pero no del todo (Fabián Hofman, 2001), que es considerada la primera película latinoamericana estrenada en salas que es producto de un transfer de digital a cine.

 

¿Cuáles son los precedentes de esta irrupción de las nuevas tecnologías en el cine?

A nivel internacional no podemos dejar de citar a Peter Greenaway y al pionero con este tema que, aunque parezca mentira, es Francis Ford Coppola. Cuando funda su productora a finales de los setenta la idea era que ése iba a ser un lugar de trabajo en video de alta definición, en cine y en informática, de hecho su película One from the Heart nace de un proceso de hibridización de medios, hasta es escrita en ordenador cuando todavía no existía la primera Macintosh. Coppola dibuja el story board digitalmente y graba la película en video en cuatro días, una vez que la estudian la filman. También en el set de otra producción de Coppola, Hammet, la película de Win Wenders, se hizo la primera experiencia de un cortometraje en alta definición, estamos hablando de hace 25 años. Es muy importante mencionar esto porque no se trata únicamente de una historia de escuelas independientes y marginales sino también de la industria poderosa, como puede ser la empresa de George Lucas. Recientemente Lucas ha marcado un punto de inflexión muy importante a nivel internacional con La batalla de los clones, que es considerada la primera película enteramente digital en la historia del cine, incluso en su proyección, porque va de un disco duro a un proyector, pues originalmente la guerra de los clones no está pensada para copia en 35 mm., lo que pasa es que los cines no tienen ese equipamiento. Pero volviendo a Greenaway, hoy su figura es la más sintomática en ese tema, es alguien que hace cine, video arte, video instalación, cd y cd-rom. Su último proyecto es multimediático porque va desde el cine clásico hasta las nuevas tecnologías.

 

¿En este panorama, de qué manera entra usted como especialista en este tema en una escuela de cine?

En argentina, que no es como en Brasil donde este tema está completamente establecido en la academia, es una cosa de mucha resistencia entre los estudiantes y los profesionales, entonces lo que uno hace es sembrar discordia ocupando un lugar marginal pero muy establecido. Es decir, nos han dado un lugar importante en la Universidad de Cine y en la Universidad de Buenos Aires para poder trabajar estos temas, que si bien ocupan pocas materias en el currículo general, desde hace más de 14 años en la Universidad del Cine es la única escuela de América Latina de cine donde hay video experimental, documental experimental y nos dejan trabajar un poco con esta ideología. De hecho, mucha gente se ha convertido en realizadores multimediales y de video con trabajos de muy buena calidad, trabajando la hibridez de los medios desde un estatuto donde el pensamiento es trabajar desde la multimedia como una experiencia creativa y artística, donde no importa que lo hagas en cine, en televisión, en video, en digital, que sea puro o híbrido, el asunto es sacar lo máximo creativo a través de la tecnología que estás utilizando.

 

¿Si existe en realidad un Nuevo Cine Argentino y cuál es su relación con las nuevas tecnologías?

Se habla de nuevo cine argentino desde hace cuarenta años, es un cliché estúpido porque engloba una serie de autores y trabajos absolutamente dispersos, algunos brillantes otros de una mediocridad absoluta. Lo que pasa es que hay una producción muy fuerte y muy intensa y a eso había que enfrentarlo de alguna manera. Es lo mismo que hablar de nuevas tecnologías, no son nuevas, el digital existe hace mucho tiempo, internet existe hace cuarenta años, entonces cuando hay análisis, un estudio de los autores, un pensamiento de las obras, perfecto. Pero que venga un crítico improvisado a hablar de nuevo cine argentino, es molesto, porque siempre estás hablando de lo nuevo. ¿Qué quiere decir, que lo viejo no sirve? Esa idea de que empezamos de cero es mentira, si hay una cosa fuerte del cine argentino son los grandes autores que ha tenido. Leonardo Fabio, por ejemplo, para mí es el más grande y es el más viejo con vida que tuvo primero una experiencia profunda con el digital y con el video. Entonces esto quema mucho a la gente, porque a un director joven le dicen que es el nuevo representante del video argentino, entonces se ahoga en su ego, y de esos cincuenta directores sólo uno termina haciendo un segundo largometraje y medio un tercero. En la Universidad del Cine están muy orgullosos porque ya se han hecho seis largos de producción propia y hay 31 películas de alumnos por fuera. El que más ha hecho es Pablo Trapero con tres películas.

 

¿Cómo está el video argentino en el panorama del video latinoamericano y mundial?

En su momento el video más importante en los años ochenta fue el chileno. Y en este momento es Brasil el centro de importancia a nivel cualitativo y cuantitativo. El video argentino está un poco a la saga con una importancia relativa en cuanto a que ha pasado ese boom del nuevo video argentino, entonces tenemos directores y organizadores con mucha trayectoria que mantienen una coherencia de producción muy grande, como Carlos Trilnick, Iván marino o Marcelo mercado. Mucha gente tiene dos horizontes, el cine y el video, pero el cine sigue siendo su principal lugar de deseo, todo el mundo quiere hacer cine, clásico, independiente, de autor o se derivan hacia el digital. Pero evidentemente el video argentino está viviendo una crisis muy grande a pesar de que hay obras muy interesantes por problemas tecnológicos, pues ya todo es digital y la gente perdió el video como destino, la gente sigue teniendo como principal objetivo al cine. En sólo Buenos Aires hay 27 escuelas de cine. Curiosamente quizá también es el país que tiene más actividad teatral en todo el continente, así que es muy raro, porque frente al tercer milenio es un país que económicamente está atrasado 400 años y culturalmente es muy siglo XIX, porque está fascinado por el teatro, por la música clásica y por el cine. Qué paradoja frente al tercer milenio, en donde las vanguardias están muy manejadas por lo tecnológico, pero en argentina eso está en pañales, incluso Colombia en muchos aspectos está mucho más adelantado.

 

 

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